"This history is based on real facts"


Es una mujer de tez negruzca, probablemente nacida en territorio guayaquileño, la protagonista de esta historia. Iba acompañada de la que parecía ser su amiga a la par que compatriota tal y como evidenciaban los comentarios que intercambiaban en un vagón de metro de una línea cualquiera. Subieron al vagón y debido al hacinamiento resultaron situarse frente a una chica joven, alta y amante de los sueños. Pero esta historia supera la mera ficción. Es una historia real. Parecía ser estudiante por la carpeta en la que se veían los folios roídos de cuadros que sobresalían por los márgenes. Llamada por su "curiosidad social" decidió prestar atención a lo que aparentemente no parecía tener importancia: la conversación de las dos mujeres que tenía enfrente. Conforme esta avanzaba la tez de la joven, probablemente universitaria, palidecía.


"Me echó la mano en dos ocasiones"- dijo la protagonista de la historia en curso. "Sí, sí, una vez me intentó tomar por el cuello pero tuve reflejos y me aparté a tiempo"


Su compañera le dijo: "¿Cómo dices? ¿Te echó la mano al cuello? a lo que la otra replicó: "Así fue mijita. Lo que oyes. Yo ya le he dicho que si no quiere estar conmigo que se vaya con otra pero que podemos seguir compartiendo casa. Yo le haré todas las labores del hogar (planchar, lavar, abrir la puerta, cocinar...) pero si así lo desea él que se vaya con otra muchachota más joven y bella"


"Mijita haces muy bien"- contestó la amiga.

De nuevo, la protagonista de la historia tuvo la palabra: "Pero cuando me intentó "echar la mano" por tercera vez no le dejé. Me eché sobre él y le aporreé. Desde entonces no se le ocurrió tocarme"


Pegada a la puerta del vagón de metro, la joven, cada vez más perpleja, continuó inmiscuida en la conversación: "A mí me da igual, con tal de que me pague la hipoteca de la casa de acá. Me da igual. Él me mantiene, me paga todo: la telefonía, la casa, mis gastos..."


"No le quedan ni cinco euros para tabaco entonces, ¿no?- preguntó la amiga a lo que su compatriota dijo riendo: "casi casi no le queda nada. yo pago la casa de allá (El Ecuador) y si me separó de él me quedaré con todo, el piso de acá que me lo tiene que pagar y el de allá porque es mío, también me apropio del coche y de todo lo demás"

"Haces requetebien"- expuso la amiga.


A todo esto, estudiando la situación pensó que la realidad supera la ficción.