...

No tengo palabras para describirte. Por más que las busco no logro dar con las más certeras. Tal vez sea porque creo que no existes, porque te imagino y, como todo lo que imaginamos, no tienes forma, olor ni sonrisa... Te he creado en mi mente y te atribuyo rasgos de este y rasgos de aquel y, realmente no posees ninguno de ellos. La primera vez que te vi, me dejaste absorta en mis inherentes cavilaciones internas. Después te vi de vez en cuando (tal vez todos los días), o mejor dicho, te imaginé pero ahora no tengo capacidad para evocarte, para imagintarte en mi cabeza porque creo que existes. No sé donde estás o quizás sí pero prefiero echar la vista para otro lado. No lo sé, a lo mejor estoy equivocada, confusa y algo cabizbaja. Lo único que sé es que por un tiempo estuviste ahí, me sonreías, te sonreía y sonreíamos juntos. Ahora de eso ya no queda nada. Solamente recuerdos. Recuerdos que no olvido, que evoco a cada momento y que vienen a mi memoria en estos días extraños en los que no logro volver a la realidad porque mi mente está en otro lugar. Tampoco sabría decir muy bien donde aunque la respuesta sería sencilla. Es mejor así. Dejar este discurso suspendido en el aire y que cada uno saque sus propias conclusiones. Eso sí, continuaré imaginándote, oliéndote y riendo contigo. La vida es así, a veces vivimos, enfrascados en el pasado, otras, intentando alcanzar el futuro y otras, simplemente, menospreciando el presente pensando, en un arrebato de optimismo, que siempre será mejor lo que está por venir. Pero, a veces, eso no es cierto. Ahora, que cada uno haga sus cábalas. Yo, sentada en la cama, con la mirada turbia y la cabeza fría pienso tantas cosas que no me da tiempo a procesar nada. Quien sabe. Tal vez sea mejor así.