Agua y sed, serio problema


Cómo quieres ser mi amigo si por ti daría la vida,
si confundo tu sonrisa por camelo si me miras.
Razón y piel, difícil mezla,
agua y sed, serio problema.
Cómo quieres ser mi amigo si por ti me perdería si confundo tus caricias por camelo si me mimas.
Pasión y ley, difícil mezcla,
agua y sed, serio problema...cuando uno tiene sed pero el agua no está cerca, cuando uno quiere beber
pero el agua no está cerca.
Qué hacer, tú lo sabes, conservar la distancia, renunciar a lo natural, y dejar que el agua corra.
Cómo quieres ser mi amigo cuando esta carta recibas,un mensaje hay entre líneas, cómo quieres ser mi amigo.

"Días en blanco, noches en vela"




Y efectivamente así es últimamente ella, la vida que poseo desde hace 20 años. Necesito de días en blanco y noches en vela para afrontar de la mejor manera posibe la realidad, esa que por más que quieras evadir llama a tu puerta continuamente y te hace abrir los ojos que, un día más, muestran unas pestañas perfectamente cubiertas de máscara de color negro.


Y es que ya lo decía Muñoz Molina en su obra "En ausencia de Blanca"cuando definía la novela como "una obra literaria capaz de provocar tal perplejidad en el lector que éste necesitaría días en blanco y noches en vela para descifrarla". Yo estoy aún en el principio del camino necesario para intentar descifrar el acertijo de la vida, aunque sé que voy por un sendero equivocado y dificultoso que me hace retroceder constantemente para no alcanzar la bandera que ondea al fondo del laberinto. Rodeada de arizónicas me doy cuenta de que cada día aprendo más cosas. Algunas demasiado pronto como por ejemplo, el peso que tiene la responsabilidad. Descubro cosas pero, como todo mortal, no siempre lo que quiero descubrir pues sino la vida sería demasiado sencilla.


Y, aunque soy joven, sé a ciencia cierta que no lo es. Poco a poco, voy recorriendo el laberinto vital y a pesar de que me encontré con "pseudominotauros" soy consciente de que llegará un momento en el que deberé enfrentarme al gran minotauro, mitad hombre, mitad toro, que intentará devorarme como hizo en la mitología con con cientos de mujeres y hombres en el entramado cretense. Aún no estoy preparada para ello pero llegará el momento en el que, cara a cara, veré al personaje creado por Dédalo.

De momento sigo aquí, pasando rápidamente las hojas de la vida sin jugar las cartas del momento. Una pena, pero cierto. Tengo en mis manos una escalera real de color y no la aprovecho. O tal vez sí... Entre confundida y aturdida no sé que decir, estoy atónita frente a los sinsabores de la vida.

"Nadie muere mientras vive en el recuerdo"


Hoy hubieras cumplido 102 años. No hubieramos tenido suficiente tiempo para poner tantas velas en la tarta. Me hubiera levantado tarde como todo sábado, hubiera ido a tu habitación y te hubiera felicitado. Pero no ha podido ser posible. Hace ya más de un año que no estás, que tu cama está vacía, que tu ropa continúa intacta en el armario, tu rosario en tu cómoda. Todo sigue igual a pesar de no estar. Desde aquí te felicito con tristeza, por no poder volver a repetir aquel cumpleaños magnífico en el que nos juntamos más de 15 personas en casa. Recuerdo aquella gigantesca tarta en la que una joven vestida de negro acaparaba el protagonismo: eras tu. Recuerdo la cara que pusiste cuando la viste, entre nerviosa y feliz dijiste: "Esta era yo cuando era joven" y comenzaste a relatar todas aquellas hazañas que tan bien evocabas muy a pesar de contar más de 100 años. Pero todo eso acabó. Ya no estás. Ahora me siento mal, lloro y en cierto modo me arrepiento de algunas cosas que dije en determinados momentos. Tal vez fue porque las dos teníamos el mismo genio.

Hoy te hubiera regalado un gran ramo de flores, de esos que te gustaban tanto, con claveles, margaritas y gladiolos. Pero guardé el dinero y preferí felicitarte con este atrevimiento epistolar. Aunque solíamos regañar pues la diferencia generacional es manifiesta en el fondo nos teníamos un aprecio indescriptible. Me acuerdo de las noches en las que salía con amigos en las que te quedabas rezando toda la noche para que no me pasara nada, recuerdo las risas que proferíamos juntas, y por supuesto, los llantos que una a la otra nos causábamos. En el fondo me da pena de todo. Me da lástima que te fueras tan solo unos días antes de que cumpliera el sueño de ser periodista taurina, de trabajar con gente extraordinaria y hablar con todos aquellos toreros de los que hablabamos a diario. Habían sido muchas las tardes que me habías contado tardes de toreros de los años 60 como Curro Romero, El Cordobés y tantos otros.

Por su puesto recuerdo aquella mañana del 20 de abril en la que me levanté esperanzada en que tu estado mejoraría muy a pesar de mi pesimismo inherente. Creía en el milagro aunque te había visto postrada en aquella cama peor que nunca. Intentabas emitir palabras ininteligibles que solo yo intentaba traducir a los pies de tu cama. A veces preguntabas por mi hermano, otras veces por el médico. Sabías que el final estaba cerca y por eso no querías que nos separáramos de tu lado. Y no lo hicimos. Rememoro aquella tarde en la que no sin difcicultades me reconociste cuando te pregunté quién era. Tu respuesta fue: "Cristina", esbozaste sino recuerdo mla la última sonrisa cuando te dije: "Sí, soy Cristina la de las manos frías". Por momentos hice reír a mi tía, a mi hermano y aunque de manera tímida a mi madre. La mejoría expiró y tu inexsitencia se hizo más patente que nunca. A las 5 de la mañana ya eras un ser inerte a tenor de tu aspecto y el frío que emanabas. Poco después la casa se llenó de gente, las lágrimas se sucedieron y tu, te fuiste, nos abandonaste. Ahora no hay vuelta atrás y lo único que puedo hacer es decirte felicidades tímidamente.

¿Equivocaciones? NO. Enseñanzas

Me acompañaste durante buena parte de mi viaje. Me identifico contigo. Cuando te escucho me haces recordar. Pero de momento, tengo que seguir evocándote y sobre todo, cantándote. Mientras tanto y afortunadamente: "No sé llorar una vez por cada vez que río".

"Nunca desistas de un sueño. Sólo trata de ver las señales que te lleven a él"

Solo durmió unas seis horas que se vieron interrumpidas por la lluvia que caía sobre la ciudad. Se había acostado pronto pero un pensamiento le turbaba e impedía dormir tranquilo. Aquel día David llegó a casa después de lo habitual. Se había entretenido en la oficina y no tenía previsto salir aquel viernes de principios de octubre. Se fue pronto a la cama pero no consiguió conquistar al sueño hasta bien entrada la madrugada. Aquella chica a la que acababa de conocer le había ensimismado tanto que no era capaz de olvidarse de ella ni por un instante muy a pesar de las altas horas de la madrugada que marcaba el reloj de cuerda que tenía en su pequeña mesilla de noche. Era una joven de lo más normal pero con un atractivo indescriptible. Al menos así me lo contó el propio David. Me dijo que era simpática y que desde los inicios su sonrisa le encandiló. Ella, muy por el contrario, no abandonaba su tesitura algo altiva y chulesca, envuelta por una sonrisa a veces maliciosa que dibujaba cada tres segundos en su rostro. No la conocía apenas pero sabía que si se lo proponía algo podía surgir. Tal vez amor tal vez una aventura fugaz. Era consciente de que el tiempo corría en su contra pues Estela, o al menos así me dijo que se llamaba ella, salía con un chico dese hace algo más de un año. Aún así él no había perdido la esperanza.

Por ella no había podido conciliar el sueño aquella noche. Recordaba las risas que habían proferido juntos y las horas que uno al lado del otro, a pesar de conocerse de tan solo unos días, habían pasado juntos. Me contó que fue ella quien fue a buscarle a su despacho justamente cuando él hablaba por teléfono con Tamara, la novia de un amigo de toda la vida, y que con una sonrisa y un simple: "David, ¿puedes venir un momento que te necesito?" Le encaminó a la entrada del despacho de abogados que compartían desde hace menos de una semana. Él le tenía que poner al día de los casos que en aquellos momentos estaban intentando resolver. Y así lo hicieron. El tiempo transcurría, sus miradas se entrecruzaron y ella, algo mayor que David, controlaba mucho mejor la situación pues los años si algo hacen es curtir y enseñar. Seguramente la mejor paideilla de la vida es el ver transcurrir el tiempo. Ver como se va y no vuelve.

Entre sus sábanas y aferrado a la almohada, según me comentó, quería que el tiempo se parase. No podía soportar que esa misma noche ella estuviera en otros brazos que no fueran los suyos. Fue entonces cuando le dije: "David, creo que te has vuelto a enamorar". Respondió con un "no" tajante pero nada convincente a tenor de la cara de "atolondrado" que presentaba. Esa que se nos pone a todos cuando setimos "algo especial por otra persona". No miró el reloj pero en torno a las 4 de la madrugada volvió a despertarse sobresaltado. Pensaba en ella y ella, seguramente en otro pero no en él. A la mañana siguiente, yo intentaba disuadirle de lo que eran síntomas evidentes de su incipiente enamoramiento pero fue imposible. Él quería luchar por aquella joven de pelo morena, de piel clara y estatura media que le había conquistado simplemente con su sonrisa. A eso de las 8 de la mañana sonó el despertador, hizo la cama y una vez más se vistió a toda prisa para llegar a clase lo antes posible.

"Vida, déjame vivir"

"Porque no hay triunfo sin renuncia, victoria sin sufrimiento, libertad sin sacrificio"
Espectacular ver en directo a esta pareja: ¡Ahí va!