
Hoy hubieras cumplido 102 años. No hubieramos tenido suficiente tiempo para poner tantas velas en la tarta. Me hubiera levantado tarde como todo sábado, hubiera ido a tu habitación y te hubiera felicitado. Pero no ha podido ser posible. Hace ya más de un año que no estás, que tu cama está vacía, que tu ropa continúa intacta en el armario, tu rosario en tu cómoda. Todo sigue igual a pesar de no estar. Desde aquí te felicito con tristeza, por no poder volver a repetir aquel cumpleaños magnífico en el que nos juntamos más de 15 personas en casa. Recuerdo aquella gigantesca tarta en la que una joven vestida de negro acaparaba el protagonismo: eras tu. Recuerdo la cara que pusiste cuando la viste, entre nerviosa y feliz dijiste: "Esta era yo cuando era joven" y comenzaste a relatar todas aquellas hazañas que tan bien evocabas muy a pesar de contar más de 100 años. Pero todo eso acabó. Ya no estás. Ahora me siento mal, lloro y en cierto modo me arrepiento de algunas cosas que dije en determinados momentos. Tal vez fue porque las dos teníamos el mismo genio.
Hoy te hubiera regalado un gran ramo de flores, de esos que te gustaban tanto, con claveles, margaritas y gladiolos. Pero guardé el dinero y preferí felicitarte con este atrevimiento epistolar. Aunque solíamos regañar pues la diferencia generacional es manifiesta en el fondo nos teníamos un aprecio indescriptible. Me acuerdo de las noches en las que salía con amigos en las que te quedabas rezando toda la noche para que no me pasara nada, recuerdo las risas que proferíamos juntas, y por supuesto, los llantos que una a la otra nos causábamos. En el fondo me da pena de todo. Me da lástima que te fueras tan solo unos días antes de que cumpliera el sueño de ser periodista taurina, de trabajar con gente extraordinaria y hablar con todos aquellos toreros de los que hablabamos a diario. Habían sido muchas las tardes que me habías contado tardes de toreros de los años 60 como Curro Romero, El Cordobés y tantos otros.
Por su puesto recuerdo aquella mañana del 20 de abril en la que me levanté esperanzada en que tu estado mejoraría muy a pesar de mi pesimismo inherente. Creía en el milagro aunque te había visto postrada en aquella cama peor que nunca. Intentabas emitir palabras ininteligibles que solo yo intentaba traducir a los pies de tu cama. A veces preguntabas por mi hermano, otras veces por el médico. Sabías que el final estaba cerca y por eso no querías que nos separáramos de tu lado. Y no lo hicimos. Rememoro aquella tarde en la que no sin difcicultades me reconociste cuando te pregunté quién era. Tu respuesta fue: "Cristina", esbozaste sino recuerdo mla la última sonrisa cuando te dije: "Sí, soy Cristina la de las manos frías". Por momentos hice reír a mi tía, a mi hermano y aunque de manera tímida a mi madre. La mejoría expiró y tu inexsitencia se hizo más patente que nunca. A las 5 de la mañana ya eras un ser inerte a tenor de tu aspecto y el frío que emanabas. Poco después la casa se llenó de gente, las lágrimas se sucedieron y tu, te fuiste, nos abandonaste. Ahora no hay vuelta atrás y lo único que puedo hacer es decirte felicidades tímidamente.
Hoy te hubiera regalado un gran ramo de flores, de esos que te gustaban tanto, con claveles, margaritas y gladiolos. Pero guardé el dinero y preferí felicitarte con este atrevimiento epistolar. Aunque solíamos regañar pues la diferencia generacional es manifiesta en el fondo nos teníamos un aprecio indescriptible. Me acuerdo de las noches en las que salía con amigos en las que te quedabas rezando toda la noche para que no me pasara nada, recuerdo las risas que proferíamos juntas, y por supuesto, los llantos que una a la otra nos causábamos. En el fondo me da pena de todo. Me da lástima que te fueras tan solo unos días antes de que cumpliera el sueño de ser periodista taurina, de trabajar con gente extraordinaria y hablar con todos aquellos toreros de los que hablabamos a diario. Habían sido muchas las tardes que me habías contado tardes de toreros de los años 60 como Curro Romero, El Cordobés y tantos otros.
Por su puesto recuerdo aquella mañana del 20 de abril en la que me levanté esperanzada en que tu estado mejoraría muy a pesar de mi pesimismo inherente. Creía en el milagro aunque te había visto postrada en aquella cama peor que nunca. Intentabas emitir palabras ininteligibles que solo yo intentaba traducir a los pies de tu cama. A veces preguntabas por mi hermano, otras veces por el médico. Sabías que el final estaba cerca y por eso no querías que nos separáramos de tu lado. Y no lo hicimos. Rememoro aquella tarde en la que no sin difcicultades me reconociste cuando te pregunté quién era. Tu respuesta fue: "Cristina", esbozaste sino recuerdo mla la última sonrisa cuando te dije: "Sí, soy Cristina la de las manos frías". Por momentos hice reír a mi tía, a mi hermano y aunque de manera tímida a mi madre. La mejoría expiró y tu inexsitencia se hizo más patente que nunca. A las 5 de la mañana ya eras un ser inerte a tenor de tu aspecto y el frío que emanabas. Poco después la casa se llenó de gente, las lágrimas se sucedieron y tu, te fuiste, nos abandonaste. Ahora no hay vuelta atrás y lo único que puedo hacer es decirte felicidades tímidamente.
6 comentarios:
...El recuerdo son imágenes, las imágenes, nubes que flotando nos traen la sonrisa de los que amamos y se fueron...¿Se fueron?...
Un saludo.
Holaaa!
La verdad es que no se fueron. Siguen ahí... Tienes toda la razón. Gracias por escribirme Sangre.
Un saludo.-
Cris.-
A menudo, esas personas que ya no están a tu lado siguen dirigiendo todos los pasos que das en la vida. Permanecen ahí, quietos y callados, hasta que te paras en la bifurcación de un camino. Entonces, susurran bajito y te dicen hacia dónde debes ir. Y lo mejor de todo es que siempre aciertan...
Será eso Gloria. Tal vez por ello no haya dado uno de los más importantes porque están hay,como bien dices, quietos, callados y expectantes intentando con sus decisiones silenciosas condicionar las nuestras. A ver si me "chivan" la respuesta para dar en el clavo.
Bss.-
Nos vemos.-
Cris.-
Pues, aunque suene a tontería, a mí me encantaría llegar a su edad, y estoy segura de que a ti también. Lo más importante es eso, que no te olvides de ella.
¡Un beso!
Hola Coviii!!!
A mí también me gustaría siempre y cuando fuese feliz que creo que es lo principal ser, trabajar, vivir de lo que sea (honestamente, claro) pero ser FELIZ.
Esa es mi meta. Sabes que soy feliz (simpática) pero quiero intentar serlo más. No sé si es avaricia (creo que no) porque aún me faltan cosas para ser feliz.
Un beso fuerte.-
Tenemos que quedar maja.-
Cris .-
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