Y sin embargo, si le dieran a elegir entre entregar o arrebatar su vida, se la daría. Porque, en muchas ocasiones, el peor castigo no es el final de la vida, si no la muerte en vida.
Y sin embargo, si le dieran a elegir entre todos los males existentes, no le desearía ninguno pues no hay peor mal que el que no tiene cura y acompaña al hombre hasta el último de sus días: la mala conciencia.
Y sin embargo, si le dieran a elegir y pudiera quitarle todos sus muñecos, no le quitaría ninguno pues todos ellos son juguetes rotos.
Y sin embargo, si le dieran a elegir y le permitieran robarle los amigos que tiene, no le robaría ninguno, pues ninguno tiene. Porque no hay peor castigo que la soledad del líder.
Y sin embargo, si le dieran a elegir entre azotarle las espaldas o dejarle salir a pasear, le dejaría caminar tranquilamente por la ciudad. Porque no hay nada peor azote que el sentirse solo entre una inmensidad de gente.
Y sin embargo, si le dieran a elegir entre su fracaso y su éxito, le otorgaría el éxito. Porque no hay mayor condena que fracasar con uno mismo.
Y sin embargo, si le dieran a elegir entre su risa y su llanto, escogería la primera. Porque el peor de los castigos no es llorar si no reir con el corazón pútrido.
Y sin embargo, si le dieran a elegir entre terminar por siempre o empezar de nuevo, le permitiría terminar sin redención con su anodina vida. Porque no hay peor castigo que el que carga el cobarde al levantarse cada mañana.
Y sin embargo, si le dieran a elegir entre su vigilia eterna o su sueño profundo, escogería la somnolencia duradera. Porque no hay peor lastre que el subconsciente te anule cada medianoche con sus pesadillas y sueños.
Y sin embargo, si le dieran a elegir entre volver atrás o marchar hacia adelante, escogería la huída en línea hacia el mañana. Porque no hay peor castigo que ver pasar el tiempo y contemplar la huída de lo que nunca tendrás.
Y sin embargo, si le dieran a elegir entre la justicia y la injusticia, escogería la injusticia. Porque no hay peor juicio que el que ejerce uno mismo sobre sí al acostarse todas las noches.
Y sin embargo, si le dieran a elegir entre su pasado o su futuro, escogería el mirar hacia el horizonte. Porque no hay peor castigo que no haber presenciado el ocaso. Y porque no hay peor futuro que el de la marrioneta, el del indeciso, el del desgraciado que nada dirige.
Y sin embargo, si le dieran a elegir entre su riqueza o su pobreza, escogería su bienestar económico. Porque no hay peor castigo que el del millonario de alma pútrida y corrompida.
Y sin embargo, si le dieran a elegir entre la guerra y la paz, aún teniendo razones para el uso de las armas, escogería la concordia. Porque no hay peor castigo que la guerra en la que el enemigo es uno mismo.
Y sin embargo, si le dieran a elegir entre su ascenso o su caída, escogería su triunfo. Porque no hay peor castigo que el del vencedor vencido por uno mismo.
Y sin embargo, si tuviera en una de sus manos una guillotina y le dieran a elegir entre dejarla caer o no, no la dejaría. Porque no hay peor condena que tener remordimientos hasta el mismo día del Juicio Final.
Y sin embargo, si le dieran a elegir entre entregarle o no el objeto de su deseo, se lo daría sin dubitar. Porque no hay peor castigo que encontrar todo lo que se perdió en el camino y no tener capacidad para disfrutarlo.
Y sin embargo, si le dieran a elegir entre concederle o no la vida, le dotaría de personalidad. Porque no hay peor castigo que el del orgulloso, el materialista y el corrupto de alma.
Y sin embargo, si le dieran a elegir entre todo lo que aquel tendrá algún día (por mucho que fuere) y lo que el conseguirá, se quedaba con lo poco que tiene. Sin pretensión alguna. Porque no hay peor castigo que una vida de farsa y apariencias.
Y sin embargo, si le dieran a elegir entre dejarle ser yunque o martillo, le dejaría ser martillo. Porque no hay peor castigo que el que después sobreviene al martillo que cuando fue tal no fue clemente y ahora, solicita redención de pena cuando, el yunque lo azuza.
Y sin embargo, si le dieran a elegir entre su amor y su desamor, escogería su amor. Porque no hay peor castigo que el no volver a disfrutar de aquella sonrisa clara, como el amanecer.
Y sin embargo, si le dieran a elegir entre la luz y la oscuridad, escogería la luz. Porque no hay peor castigo que el que vive rodeado de luz pero es oscuro.
Y sin embargo, si le dieran a elegir entre rodearle de gente o dejarle solo, le rodearía de millones de personas. Porque no hay peor castigo que el del hombre que vive rodeado de falsedades y se levanta todos los días olvidando el ayer. Porque el ayer, el pasado, siempre vuelve.
1 comentario:
Y sin embargo...me ha gustado ;), interesante crisol de negacion..
Un abrazo Cris..
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