
Viernes, 14 de diciembre de 2007
El mes que pone el broche al año expiraba poco a poco. Estábamos en diciembre, hacía calor en casa y un frío helador en el exterior. Mi casa se erigía como un fuerte caluroso al igual que mi corazón, que caliente, latía más alborotado que de costumbre debido no sé muy bien a qué: QUIZÁS a algo en particular, QUIZÁS a alguien en especial, QUIZÁS a nada particular ni general. Los termómetros registraron aquella noche las temperaturas más gélidas de lo que iba de estación. Se aproximaba el invierno, la oscuridad reinaba en la ciudad y el hielo comenzaba a aflorar en los coches que por la mañana necesitaron de un buen masaje cardíaco para volver a ponerse en marcha. Se les había parado el corazón, lo tenían, como la novela de Almudena Grandes, helado.
Me asomé a la ventana, en la que rápido se formó un círculo de vaho, miré, absorta, a ambos lados del bulevar y te vi allí, sentado en el banco, ataviado con lo que parecía un jersey azul de cuello vuelto y unos pantalones oscuros. Por momentos pensé que me mirabas y que me enviabas una sonrisa desde la helada acera. El nerviosismo hizo que mi corazón latiera más rápido porque pensé que te "habían enviado" como regalo de Navidad. QUIZÁS hubiera sido el mejor, QUIZÁS el peor, QUIZÁS uno como otro de tantos de esos con los que te encariñas enseguida solo que con corazón. Un corazón quizás helado a tenor de la frialdad que transmitiste por momentos. Me moví hacia el otro lado de la ventana pues la otra estaba ya repleta de un vaho profundo. Miré ensimismada y ya no te ví, en tu lugar había algo que parecía ser un papel. Pensé que se trataba de un periódico cualquiera pero agudizando la vista y limpiando el vaho del cristal conseguí ver lo que parecía ser una carta.
Aturdida, decidí abrir la ventana y de repente el frío invadió mi alma e hizo desaparecer el calor que emanaba de mi corazón. Sin pensarlo, la intriga se apoderó de mi, bajé las escaleras corriendo para no perder tiempo esperando al ascensor y cuando llegué a la calle, franqueé la puerta de la urbanización, pisé el suelo descalza, me estremecí por momentos pero eché a correr hasta llegar al banco donde yacía un papel. Pensé que se trataba de un sueño y por ello me rasgué los ojos. El alumbrado navideño había desaparecido, perdí la noción del tiempo, a veces pienso que estuve minutos, otras que solo fueron unos segundos insignificantes. El folio blanco estaba doblado a modo de carta. Lo abrí y solo pude ver tres palabras en él. Con letra algo inclinada pero perfectamente legible pude leer un simple: Quizás, quizás, quizás...
4 comentarios:
me ha encantado cris!
Jooo ¡Gracias Marta!
Feliz Navidad maja!
Que palabras preciosas, Cris.
Y precioso blog!
Seguro que volveré.
Feliz navidad y felicidad!
Gracias Dulce!
Me meteré en tu blog e intentaré traducirlo...
Feliz Navidad!
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