
Siente que un puñal desgarra su espalda y algo le punza el corazón. Siente que la gente le falla, que su confianza es invadida por las sombras, que llora y nadie le escucha e incluso que canta y que ni tan siquiera le sale la voz. No sabe si será el tiempo, el estrés o los sinsabores de la vida. Se resguarda en sus sueños, esos cuyo cumplimiento está por ver. Siente que no entiende nada, que la vida le confunde, que los árboles son grises y el cielo opaco, que no ve el reloj de su muñeca, que el tiempo pasa y la inanidad conquista el barco de la inseguridad.
Su barco, ese que a veces navega viento en popa y a toda vela pero que ahora tiene enfrente un iceberg y no sabe qué rumbo tomar. No sabe si ir a babor o a estribor. Intenta no desviarse de la ruta que tiene en un viejo mapa pesquero roto por el transcurrir de los años pero al final tal vez tenga que decir adiós a ese sueño que comenzó a hacerse realidad una tarde de verano cuando azarosamente decidió emprender un largo viaje con escala en varios lugares del planeta. El barco zarpó, se subió cuando las turbinas eran puestas en marcha por el comandante del navío Future y ahora está en fase de aturdimiento.
Solo se siente libre cuando se acomoda en la proa, cierra los ojos y sueña con el que es su deseo más íntimo: el de justicia, el de transformar el mundo, el ansiado por Aristóteles, Stuart Mill y Enmanuel Kant entre otros. Está perdida en mar abierto, no sabe definir justicia pero si sabría identicarla.
Ahora mismo la veo, está ahí, sola tras la ventana de su cuarto mirando como llueve y cómo ese barquito de papel se ahoga en el charco creado en el talud de ese descampado que tiene frente a sí. El barco está tocado pero espera que amaine el temporal para continuar navegando.
Su barco, ese que a veces navega viento en popa y a toda vela pero que ahora tiene enfrente un iceberg y no sabe qué rumbo tomar. No sabe si ir a babor o a estribor. Intenta no desviarse de la ruta que tiene en un viejo mapa pesquero roto por el transcurrir de los años pero al final tal vez tenga que decir adiós a ese sueño que comenzó a hacerse realidad una tarde de verano cuando azarosamente decidió emprender un largo viaje con escala en varios lugares del planeta. El barco zarpó, se subió cuando las turbinas eran puestas en marcha por el comandante del navío Future y ahora está en fase de aturdimiento.
Solo se siente libre cuando se acomoda en la proa, cierra los ojos y sueña con el que es su deseo más íntimo: el de justicia, el de transformar el mundo, el ansiado por Aristóteles, Stuart Mill y Enmanuel Kant entre otros. Está perdida en mar abierto, no sabe definir justicia pero si sabría identicarla.
Ahora mismo la veo, está ahí, sola tras la ventana de su cuarto mirando como llueve y cómo ese barquito de papel se ahoga en el charco creado en el talud de ese descampado que tiene frente a sí. El barco está tocado pero espera que amaine el temporal para continuar navegando.
3 comentarios:
Si somos realistas como pides... Se hundirá, sin duda.
Si somos realistas se hundirá, sin duda.
Seguro que amaina... despues de la tormenta...
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