Segundos que parecieron horas. Por fín pude ver su cara; un rostro limpio, cargado de picardía y mirada de ángel. Hacía tiempo que nos veíamos pero jamás intercambiamos palabra. Jugábamos al "te miro y me miras" de manera automática como si no superáramos la decena de años. No había día que no me viniera a la mente por este o aquel motivo. Ninguno de peso. Simples excusas para armar un puzzle tal vez inconstruíble porque ninguno se atrevía a poner la primera pieza. "Pónla tú" pensaba, ensimismada en mis pensamientos y con una mirada hostil y casi hiriente. "No lo haré", parecía decir él con aquel gesto de niño malo que solo camuflaba cuando esbozaba, tímida pero pícaramente, un simulacro de sonrisa. No sabía nada de su vida pero estaba presente incomprensiblemente en mis pensamientos. Los acaparaba. Los dominaba. Los presidía. Aún recuerdo aquella mañana en la que la tensión se palpó en el ambiente. Con gesto altanero le miré. Con aires orgullosos me contestó. Entramos en una conversación muda en la que las miradas fueron contestadas con miradas. Ahí estamos, cada uno en nuestro universo, unos en el universo del qué pasará y otro, por contra, en el del qué nunca pasará. Los pesimistas no cambian, empeoran. Ahora me toca responder a mí: ¿Pongo la primera pieza? Si sólo hubiera dos piezas tal vez lo haría pero ¿quién me dice que no hay más?... Aún así prefiero creer que se trata de un puzzle en construcción y no inconstruíble...
Feliz Navidad...
"Sólo es capaz de realizar sus sueños el que, cuando llega la hora, sabe estar despierto"
Puzzle en construcción...
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