A ti, que estás por llegar te dedico estas palabras parafraseándolas del gran maestro Neruda:
Pablo Neruda, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, 1924
"Sólo es capaz de realizar sus sueños el que, cuando llega la hora, sabe estar despierto"
Pablo Neruda, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, 1924

payaso, sa.
(Del it. pagliaccio).
1. adj. Dicho de una persona: De poca seriedad, propensa a hacer reír con sus dichos o hechos.
2. adj. C. Rica. Se dice del artista ambulante enmascarado que debuta en las mojigangas.
3. m. y f. Artista de circo que hace de gracioso, con traje, ademanes, dichos y gestos apropiados
Tal vez sea la familia de payasos más afamada la de los "Aragón" al menos en los últimos 20 años. Fofó, Gabi, Miliki, Fofito, Milikito son solo algunos de los nombres que pertenecen a la saga de los payasos más conocidos. Según me cuenta mi padre también los Hermanos Tonetti despuntaron e hicieron reír a aquellos que día a día acudían a los espectaculos que ofrecían en el tradicional Circo Atlas. Sin duda, una mirada al pasado, a esa época en la que acudían a las plazas de los pueblos antes de que debutara el cine y entretenían a niños y mayores pues no había otra actividad lúdico-cultural. Pero de eso hace mucho. Actualmente hay personas que los compara con los feriantes que van, con sus bártulos de feria en feria. Pero a mi parecer tienen pocos puntos de inflexión. Tan solo que van de un lado para otro con sus enseres y caravanas.
Particularmente me considero, una payasa en toda regla a tenor de la definición dada por la RAE. Cada día soy más consciente de ello. "Usadora" de frases hechas y refranes populares e inventados intento demostrar que la vida no es tan fea como pueda parecernos en ciertos momentos en los que por ningun lado somos capaces de vislumbrar la "luz verde". En cierto modo y cada día se lo comento con mayor ahínco a mi querido Sr. Arrueg: le digo que me considero afortunada por ser capaz de hacer reír a la gente, de evadirlas de la realidad por momentos, de sacarle una sonrisa en los hospitales cuando voy a visitarles... porque como me dijeron en cierta ocasión "es mucho más difícil hacer de llorar que der reír, por eso simplemente tienes que considerarte afortunada"
No hace mucho tiempo cree un perfil en el que especificaba claramente mi don de "payasa". Y es que lo soy. Lo reconozco y la gente que me conoce sabe de cabo a rabo que abarco el término de "payasa" en toda su magnitud. Solamente me falta el disfraz aunque pienso que en el fondo todos vamos disfrazados de alguna u otra manera. Es mi más sincera opinión.
"La primera obligación de todo ser humano es ser feliz, la segunda: hacer feliz a los demás"

Antes de nada, una botella de Mini-Black de Freixenet lucía en nuestra mano, una chapa que nos identificaba en el cuello y una pulserita de las que dan en los hoteles de TI en nuestra muñeca. Así empezó la noche.

No sólo le costaba comprender que el símbolo genérico perro abarcara tantos individuos dispares de diversos tamaños y diversa forma; le molestaba que el perro de las tres y catorce (visto de perfil) tuviera el mismo nombre que el perro de las tres y cuarto (visto de frente). Su propia cara en el espejo, sus propias manos, lo sorprendían cada vez. Refiere Swift que el emperador de Lilliput discernía el movimiento del minutero; Funes discernía continuamente los tranquilos avances de la corrupción, de las caries, de la fatiga. Notaba los progresos de la muerte, de la humedad. Era el solitario y lúcido espectador de un mundo multiforme, instantáneo y casi intolerablemente preciso. Babilonia, Londres y Nueva York han abrumado con feroz esplendor la imaginación de los hombres; nadie, en sus torres populosas o en sus avenidas urgentes, ha sentido el calor y la presión de una realidad tan infatigable como la que día y noche convergía sobre el infeliz Ireneo, en su pobre arrabal sudamericano. Le era muy difícil dormir. Dormir es distraerse del mundo; Funes, de espaldas en el catre, en la sombra, se figuraba cada grieta y cada moldura de las casas precisas que lo rodeaban. (Repito que el menos importante de sus recuerdos era más minucioso y más vivo que nuestra percepción de un goce físico o de un tormento físico.) Hacia el Este, en un trecho no amanzanado, había casas nuevas, desconocidas. Funes las imaginaba negras, compactas, hechas de tiniebla homogénea; en esa dirección volvía la cara para dormir. También solía imaginarse en el fondo del río, mecido y anulado por la corriente.Había aprendido sin esfuerzo el inglés, el francés, el portugués, el latín. Sospecho, sin embargo, que no era muy capaz de pensar. Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos. La recelosa claridad de la madrugada entró por el patio de tierra.Entonces vi la cara de la voz que toda la noche había hablado. Ireneo tenía diecinueve años; había nacido en 1868; me pareció monumental como el bronce,más antiguo que Egipto, anterior a las profecías y a las pirámides. Pensé que cada una de mis palabras (que cada uno de mis gestos) perduraría en suimplacable memoria; me entorpeció el temor de multiplicar ademanes inútiles.Ireneo Funes murió en 1889, de una congestión pulmonar."
Ficciones, Jorge Luis Borges, 1944


estatura media, la marca del reloj que lleva, y así sucesivamente hasta intentar averiguar casi de manera mental su número de teléfono. Cosa que ya me gustaría lograr aunque, tampoco sé muy bien para qué porque luego "me corto como la leche cuando hace calor". En resumidas cuentas, sin darme cuenta registro todo lo que pasa a mi alrededor. Algunos me tasan de "curiosa" (cosa que no pongo en duda) pero yo me considero particularmente observadora.
evidenciaba una paideia aprendida por el transcurrir de los años y por una laga y provechosa actitud de aprendizaje. Si un rasgo destacaba en él era lo memoriado que era: se aprendía, de todos y cada uno de los alumnos que abarrotaban su clase, su nombre, edad, lugar y fecha de nacimiento, sitio en el que te sentabas en clase, amigos con los que te veía por el pasillo, peinado y sinceramente creo que memorizaba también tu número de teléfono. Esto último son elucubraciones mías pero viendo su prodigiosa capacidad para no olvidar imagino que con solo leer en una ocasión el número pertinente lo flasheaba e introducía en su cabeza para no dejarlo salir hasta que el Alzheimer, o cualquier otra enfermedad que afecte a la memoria, hiciera mella en él.