"Me gustarás cuando calles porque estarás como ausente"

Aún no escuché tu voz pero sé que me gustará tu silencio.
No vi tus dientes relucientes pero sé que me encantará tu sonrisa.
No toqué tu pelo pero sé que me enganchará su olor.
No olí tu cuello pero sé que cuando lo haga no me separaré de él.
No te conocí pero cuando lo haga sé que no podré olvidarte.
No sé nada de ti pero sé que aparecerás.

A ti, que estás por llegar te dedico estas palabras parafraseándolas del gran maestro Neruda:
"Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca.
Como todas las cosas están llenas de mi alma emerges de las cosas,
llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma, y te pareces a la palabra melancolía.
Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza: Déjame que me calle con el silencio tuyo.
Déjame que te hable también con tu silencio claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.
Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto"

Pablo Neruda, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, 1924

"Dime de que te ríes y te diré quién eres"


Transcribo de manera literal la definición que la RAE ofrece del término "Payaso":

payaso, sa.
(Del
it. pagliaccio).
1. adj. Dicho de una persona: De poca seriedad, propensa a hacer reír con sus dichos o hechos.
2. adj. C. Rica. Se dice del artista ambulante enmascarado que debuta en las mojigangas.
3. m. y f. Artista de circo que hace de gracioso, con traje, ademanes, dichos y gestos apropiados


Tal vez sea la familia de payasos más afamada la de los "Aragón" al menos en los últimos 20 años. Fofó, Gabi, Miliki, Fofito, Milikito son solo algunos de los nombres que pertenecen a la saga de los payasos más conocidos. Según me cuenta mi padre también los Hermanos Tonetti despuntaron e hicieron reír a aquellos que día a día acudían a los espectaculos que ofrecían en el tradicional Circo Atlas. Sin duda, una mirada al pasado, a esa época en la que acudían a las plazas de los pueblos antes de que debutara el cine y entretenían a niños y mayores pues no había otra actividad lúdico-cultural. Pero de eso hace mucho. Actualmente hay personas que los compara con los feriantes que van, con sus bártulos de feria en feria. Pero a mi parecer tienen pocos puntos de inflexión. Tan solo que van de un lado para otro con sus enseres y caravanas.



En algunas ocasiones hacemos uso del término "payaso" malintencionadamente queriendo "herir" a nuestro interlocutor. Utilizamos la palabra como sinónimo de "tonto", "vano", "insignificante" y a la vista está que lo hacemos sin tener en cuenta su significado natural. Por eso, sigo sosteniendo que, no ofende quien quiere sino quien puede. Quien tiene suficientes argumentos para dejar constancia de que conoce a la persona de la que habla en toda su extensión y por ello, puede juzgarla.

Particularmente me considero, una payasa en toda regla a tenor de la definición dada por la RAE. Cada día soy más consciente de ello. "Usadora" de frases hechas y refranes populares e inventados intento demostrar que la vida no es tan fea como pueda parecernos en ciertos momentos en los que por ningun lado somos capaces de vislumbrar la "luz verde". En cierto modo y cada día se lo comento con mayor ahínco a mi querido Sr. Arrueg: le digo que me considero afortunada por ser capaz de hacer reír a la gente, de evadirlas de la realidad por momentos, de sacarle una sonrisa en los hospitales cuando voy a visitarles... porque como me dijeron en cierta ocasión "es mucho más difícil hacer de llorar que der reír, por eso simplemente tienes que considerarte afortunada"





Evidentemente en la mayor parte de las ocasiones cuando decimos que una persona es un "payas@" no tenemos en cuenta las connotaciones que el término lleva aparejados. En cierta ocasión oí como en un afamado programa del corazón denominaban "circo" al espectáculo "montado" por los artistas invitados que comenzaron a dedicarse un conjunto de palabrejas malsonantes con las que pretenden hacer daño. Y por experiencias personales me doy cuenta cada día con mayor firmeza que, como se suele decir "no ofende quien quiere sino simplemente quien puede". Y por suerte o por desgracia no todo el mundo puede.




No hace mucho tiempo cree un perfil en el que especificaba claramente mi don de "payasa". Y es que lo soy. Lo reconozco y la gente que me conoce sabe de cabo a rabo que abarco el término de "payasa" en toda su magnitud. Solamente me falta el disfraz aunque pienso que en el fondo todos vamos disfrazados de alguna u otra manera. Es mi más sincera opinión.




"La primera obligación de todo ser humano es ser feliz, la segunda: hacer feliz a los demás"




Cantinflas

InVIPtados


Una espiral de lujos nos envolvió en el centro neurálgico de la capital una noche de finales del mes de septiembre. Parecía que aquello prometía y así fue. Acompañada por un compañero fui al concierto de Jarabe de Palo en el Teatro Haagenn Dazs (antiguo Teatro Calderón). No fue un concierto cualquiera. La noche empezó pisando la alfombra roja que daba acceso a la entrada VIP del teatro. Entre cámaras, fotográfos, alboroto y risas entramos al hall en el que nos orientaron y condujeron a la sala VIP donde anduvimos tomando algo hasta que dio comienzo el espactáculo.


Antes de nada, una botella de Mini-Black de Freixenet lucía en nuestra mano, una chapa que nos identificaba en el cuello y una pulserita de las que dan en los hoteles de TI en nuestra muñeca. Así empezó la noche.


Nos echamos unas risas mientras intentambamos sortear a las 250 personas (aunque yo calculo que había menos) que nos acompañaban en la estancia para otear las vistas de Madrid desde la última planta del ya extinto Teatro Calderón. Resultó imposible. Solo había dos balconadas más o menos grandes. Una de ellas, lo recuerdo perfectamente, ocupada por dos jóvenes, que al igual que nosotros parecían ser amigos. Tendrían unos 26 años y charlaban entrecruzando miradas con toda la que se prestaba a ello. Fruto de mi observación llegué a semejante conclusión.


En el otro balcón había una maraña de gente que entre risas y comentarios acaparaban toda la balconada. Entre canapé y canapé el reloj marcó las 21:40 horas y teniendo en cuenta que el concierto tenía que dar comienzo a las 21:30 h. nos llamaron al orden y desalojamos momentáneamente aquella sala de cortinajes negros, alfombras suntuosas y perfumes caros.


Pero, empecemos por el principio...

Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer...


Hoy me vino a la mente un pequeño relato que leí hace unos dos años y que tuve no pocas dificultades para encontrarlo entre la maraña de libros y artículos que plagan mi armario. En él se reflexiona sobre el poder que puede tener la memoria sobre un individuo: en este casos se trata de un tal "Ireneo".... Un tipo ¿interesante?... Y me pregunto ¿para qué recordar tanto si hay cosas que debemos, por nuestro bien, de olvidar...? Reflexionad sobre el tema que no carece de sentido:

"Funes no sólo recordaba cada hoja de cada árbol de cada monte, sino cada una de las veces que la había percibido o imaginado. Resolvió reducir cada una de sus jornadas pretéritas a unos setenta mil recuerdos, que definiría luego por cifras. Lo disuadieron dos consideraciones: la conciencia de que la tarea era interminable, la conciencia de que era inútil. Pensó que en la hora de la muerte no habría acabado aún de clasificar todos los recuerdos de la niñez.Los dos proyectos que he indicado (un vocabulario infinito para la serie natural de los números, un inútil catálogo mental de todas las imágenes del recuerdo) son insensatos, pero revelan cierta balbuciente grandeza. Nos dejan vislumbrar o inferír el vertiginoso mundo de Funes. Éste, no lo olvidemos, era casi incapaz de ideas generales, platónicas.


No sólo le costaba comprender que el símbolo genérico perro abarcara tantos individuos dispares de diversos tamaños y diversa forma; le molestaba que el perro de las tres y catorce (visto de perfil) tuviera el mismo nombre que el perro de las tres y cuarto (visto de frente). Su propia cara en el espejo, sus propias manos, lo sorprendían cada vez. Refiere Swift que el emperador de Lilliput discernía el movimiento del minutero; Funes discernía continuamente los tranquilos avances de la corrupción, de las caries, de la fatiga. Notaba los progresos de la muerte, de la humedad. Era el solitario y lúcido espectador de un mundo multiforme, instantáneo y casi intolerablemente preciso. Babilonia, Londres y Nueva York han abrumado con feroz esplendor la imaginación de los hombres; nadie, en sus torres populosas o en sus avenidas urgentes, ha sentido el calor y la presión de una realidad tan infatigable como la que día y noche convergía sobre el infeliz Ireneo, en su pobre arrabal sudamericano. Le era muy difícil dormir. Dormir es distraerse del mundo; Funes, de espaldas en el catre, en la sombra, se figuraba cada grieta y cada moldura de las casas precisas que lo rodeaban. (Repito que el menos importante de sus recuerdos era más minucioso y más vivo que nuestra percepción de un goce físico o de un tormento físico.) Hacia el Este, en un trecho no amanzanado, había casas nuevas, desconocidas. Funes las imaginaba negras, compactas, hechas de tiniebla homogénea; en esa dirección volvía la cara para dormir. También solía imaginarse en el fondo del río, mecido y anulado por la corriente.Había aprendido sin esfuerzo el inglés, el francés, el portugués, el latín. Sospecho, sin embargo, que no era muy capaz de pensar. Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos. La recelosa claridad de la madrugada entró por el patio de tierra.Entonces vi la cara de la voz que toda la noche había hablado. Ireneo tenía diecinueve años; había nacido en 1868; me pareció monumental como el bronce,más antiguo que Egipto, anterior a las profecías y a las pirámides. Pensé que cada una de mis palabras (que cada uno de mis gestos) perduraría en suimplacable memoria; me entorpeció el temor de multiplicar ademanes inútiles.Ireneo Funes murió en 1889, de una congestión pulmonar."




Ficciones, Jorge Luis Borges, 1944

La edad de la inocencia



Hoy volví a pensar en ti, en el embrujo de tus ojos, en la cara de estupefacción que se me quedó cuando mis ojos te devoraron por primera vez. Ayer también te dediqué más minutos en mi cabeza que a mí misma. Encantada es la palabra que define la situación en la que me encuentro inmersa de manera irrazonable. No tengo en mi mano ningún dato objetivo que indique que puedas estar mínimamente interesado en mí. Además si lo estabas tendrías que haber mostrado interés en mí.Pero... nada de nada. Pero aún así, sigo emperrana en ello.






Ayer me sumergí en el recuerdo de tu mirada que nació en mi mente mientras atravesaba el centro de la capital en el abarratado suburbano. Fue entonces cuando me acordé de esa mirada que entrecruzamos hace ya algún tiempo. No mucho pero tampoco poco. Me envolví en la nube de tus ojos tostados mientras el tiempo no dejaba de contar en el reloj. Acomodada en uno de los asientos del metro me evadi de la realidad y es que, aunque solo sea en el fondo, y formando parte de mi vida tan solo unos minutos me alegras la vida, tanto es así que entre ensoñaciones me pasé de estación. Con cara de atolondrada abandone el asiento que ostentaba y que pronto ocuperon ansiosamente aquellos cuyas preocupaciones se reducen a encontrar un sitio libre en el metropolitano. Me levanté y dejé atrás el vagón.







Mi mente no sabía donde estaba y de repente miré hacia arriba y un letrero rezaba: "Lavapiés". Efectivamente me encontraba en uno de los barrios más castizos de Madrid por el que tan solo una vez anduve. Tal vez fue el destino pero allí fui a parar. Había abusado en exceso de mi imaginación y de mi asiento y terminé allí con cara de tonta. Me daban ganas de reírme de mí misma por cometer semejante despiste pero preferí que los viajeros que merodeaban por el andén no notaran lo que hubiera sido un patente desvario. Y es que así es: me haces desvariar.



Hoy también lo hiciste fue entonces cuando hubiera dado lo poco que tengo en mi haber por volver al pasado, a la infancia. En esta ocasión fueron dos niños, fruto de la felicidad o del alborozo excesivo de dos amantes que se desearon solo por momentos, los que me hicieron que mi memoría recolectase mis tardes de diversión con mi hermano. Se trataba de una niña más o menos rubia de unos 5 años y de un niño que cumpliría los 7. Iban parloteando afablemente cuando entraron al vagón y pronto levantaron el interés de los viajeros.






Ella llevaba un libro titulado "Aprender a escribir", él portaba una enorme cartera con ruedas último modelo en la que Bart Simpson acaparaba todo el protagonismo. Un individuo, que parecía ser su padre, les observaba con asombro desde la cercanía. Reían hasta que pronto llegaron los llantos. La niña echó a llorar porque su hermano la había quitado lo que ella no dudaba en denominar "mi libro". Entre las cabezas de la gente pude vislumbrar que se peleaban por un libro que le pertenecía a ella pero que él tenía en su poder. Esa era su retahíla: deseaba que su hermano le devlviera aquel volumen. Lo deseaba con todas sus ganas. Su pequeña cabeza pensaba que con él sería más feliz. Lloraba y pataleaba y el padre, no mediaba en la situación.





Entre sollozos abandonaron el vagón de tren, con sus voluptuosas y recién estrenadas mochilas escolares que el padre tenía que transportar. Cuando el vagón se sumió de nuevo en el silencio pensé lo preciosa que es esa edad donde las peleas se entablan por libros, por bolígrafos o cuadernos de pintar. Es la edad de la inocencia en la que nuestra máxima preocupación es ver la película de E.T. Daría lo que fuera por volver a gozar de los 8 años aunque egoístamente solo fuera por evadirme de la situación en la que me encuentro y de la que tu ni tan siquiera eres consciente. Apenas me conoces solo compartimos un par de horas y unos días después unas escuetas palabras. Pero aún así tal vez la casualidad o la no casualidad nos haga coincidir. Tú mientras tanto continúa haciendo fotos que yo seguiré entrevistando





De luces y de sombras...


Así es mi vida: de luces y de sombras. Imagino que como la de todo el mundo. De repente se enciende una luz al fondo de la enmarañada noche que te descubre el camino que has de seguir o simplemente te tiende una mano que has de tomar y en la que puedes confiar. De repente, se apaga una vela y nos nubla la visión de tal forma que somos literalmente incapaces de encontrar solución a aquello que nos afecta y preocupa. Todo está en función del día, del momento en el que ocurra, que puede ser, de luces o de sombras.




Generalmente pasamos por lo que se denominan "rachas", unas buenas y otras malas. Obviamente, tiene que haber días en blanco y noches en vela pero no se pueden pasar todos los días la hoja del calendario sin haber hecho nada interesante a lo largo de la jornada. A veces, nos levantamos de buen humor y conforme avanza el día ese ánimo se aumenta al igual que el número de pasos que dejamos conforme caminamos y vamos regalando sonrisas que para eso son gratis. Pero otras veces no es así y amanecemos algo ofuscados y no particularmente con nadie sino que, presos de una sensación rara, pagamos nuestro enfado con el primero que pillamos. Tal vez nuestra madre, tal vez nuestro hermano o incluso puede que sea esa amiga que está siempre a tu lado con la que tanto has reído y llorado. Es entonces cuando te preguntan ¿Qué te pasa? y no sabes articular una respuesta que se ciña a la realidad. "No sé" suele ser la respuesta más socorrida aunque no la más fiel a la verdad. En ocasiones, cuando nos hacen esas preguntas nos pasan tantas cosas por la cabeza que si tuvieramos que nombrar todas y cada una de los aspectos que nos preocupan el reloj de arena se acabaría y aún seguiríamos narrando causas absurdas que nos turban.




Y es que así es, la vida no es un camino de rosas, pero tampoco de espinas. Lo bueno pasa y lo malo también. Las cosas vienen y se van. El tiempo avanza y no vuelve. El día empieza y termina. La risa y el llanto acaban. Las vacacione llegan y se esfuman. La belleza toca su fin en algún momento de la vida. El dinero se acaba. Después de la tempestad llega la calma. Después del grito el silencio. Tras la juventud llega la ancianidad. Tras el esfuerzo la recompensa. Tras las largas horas de estudio, las buenas notas. Tras el calor, el frío. Tras la discusión, la reconciliación. Y es que, en definitiva, la vida está llena de luces y de sombras.

"A veces gris, a veces blanco, todo depende del lugar"

Varios días llevo escuchando en la radio una canción que me turba. Sinceramente...no sé muy bien la razón. Tal vez sea porque me recuerde a algo o a alguien que mi mente no puede olvidar. Mi memoria registra a toda aquella persona con la que comparto más de medio segundo, tiempo necesario para recordar: su nombre, edad, profesión, color y corte de pelo, estatura media, la marca del reloj que lleva, y así sucesivamente hasta intentar averiguar casi de manera mental su número de teléfono. Cosa que ya me gustaría lograr aunque, tampoco sé muy bien para qué porque luego "me corto como la leche cuando hace calor". En resumidas cuentas, sin darme cuenta registro todo lo que pasa a mi alrededor. Algunos me tasan de "curiosa" (cosa que no pongo en duda) pero yo me considero particularmente observadora.


En la facultad conocí a un individuo similar con el que por supuesto, ni quiero, ni me comparo. Su nombre era (y espero que siga siendo) Miguel. Era uno de esas personas que marcarán mi incipiente carrera de periodista. Siempre acudía a clase extremadamente abrigado: con una gabardina gris, una americana azul marino, un jersey debajo de esta y como corolario una camisa que, si la memoria no me falla, parecía ser de tejido afranelado. Con sus gafas posadas a media altura sobre la nariz, las arrugas que evidenciaban el paso del tiempo y una muñequera en la mano derecha, nos daba ejemplares clases de redacción periodística. Poseía el don de la paciencia y evidenciaba una paideia aprendida por el transcurrir de los años y por una laga y provechosa actitud de aprendizaje. Si un rasgo destacaba en él era lo memoriado que era: se aprendía, de todos y cada uno de los alumnos que abarrotaban su clase, su nombre, edad, lugar y fecha de nacimiento, sitio en el que te sentabas en clase, amigos con los que te veía por el pasillo, peinado y sinceramente creo que memorizaba también tu número de teléfono. Esto último son elucubraciones mías pero viendo su prodigiosa capacidad para no olvidar imagino que con solo leer en una ocasión el número pertinente lo flasheaba e introducía en su cabeza para no dejarlo salir hasta que el Alzheimer, o cualquier otra enfermedad que afecte a la memoria, hiciera mella en él.

Me quedo con todo lo que pasa a mi alrededor: gestos, muecas, miradas, palabras, maneras de andar, de reír e incluso de llorar. Posiblemente sea esa cualidad la que me hace recordar a alguien cuando oigo la letra la canción "Tu recuerdo". No sé muy bien a quien. Imagino que a todo el mundo. O tal vez... si que lo sepa pero no quiera recordarlo. Simplemente decir que posiblemente nuestra mirada no se vuelva a cruzar, porque ayer la busqué y no la encontré. La intenté llamar con los ojos y no me contestó.