"Secretos existenciales"

La oyó pronunciar por primera vez hace un tiempo, ni mucho ni poco: el imprescindible, y, desde entonces, la hizo suya a pesar de que no la pronunció en ninguna ocasión. La guarda con cariño, aunque que no fue su ideadora intelectual, como todas aquellas frases que, oye a lo largo de la vida y no le dejan indiferente. Hoy decidió parafrasear al mismísimo Fiodor Dovstoievsky y articularla: "El secreto de la existencia no consiste en vivir sino en saber para qué se vive".


Sería complicado dedicir si dice hola o adiós. Si viene o si va. Si habla o calla. Si ríe o se mantiene indiferente. El día amanece con un sol que se evapora hasta llegar a la sala de estudio que ocupa. Alma perdida, corazón caliente y manos frías. Sonrisas derramadas y lágrimas sentidas con avaricia. Espejos rotos, reflejos y apariencias falsas, pasos descalza y ropajes grises. Mente hábil, corazón volátil, rostro serio y una profunda sensación de desilusión. Pronuncia la afamada expresión: ¡Qué vida esta! tal vez sin razón, tal vez con demasiada conciencia. Solamente el tiempo decidirá qué camino tomará. Si el bueno o el malo, si el triste o el feliz, si el de las luces o el de las penumbras. Se sitúa frente al espejo y observa su mirada perdida, extravíada en un vacío existencial que, probablemente deje de tener importancia con el paso del tiempo.


De este breve texto no os quedéis con los comentarios de una persona que, para no mojarse con el agua de la lluvia prefirió meterse en el mar sino solamente con el hecho de que: "El secreto de la existencia no consiste en vivir sino en saber para qué se vive". Aquellos que no lo hayan encontrado que lo busquen sin receso posible y si alguno piensa en decir adiós que se arme de valor y decida continuar diciendo hola.

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