"El paraíso de los sueños"


El ambiente húmedo y caluroso de tierras americanas contrastaba con el gélido frío que se palpaba en territorio europeo. Casi sin darse cuenta, Elsa de los Ríos, mujer joven a la par que intelgente, dotes que demostró cuando fue capaz, en menos de una hora, de hacer la maleta con todo lo necesario para pasar fuera una temporada, buscar el pasaporte que había perdido de vista desde que estuvo allá por el D.F en mayo de 2003 cuando tuvo necesidad de viajar por obligación que no por placer para resolver un asunto profesional que tenía pendiente con una publicación de renombre en México y, recoger un poco la casa en la que reinaba el desorden debido a su ajetreada existencia. Cogió su bolso de piel marrón y salió como alma que lleva el diablo dejando atrás su pequeño apartamento, ese que gracias a horas de trabajo había conseguido comprar en una lujosa urbanización de las afueras de Madrid. Se presentó en el aeropuero de Barajas, fue al mostrador que indicaban sus billetes y allí, justamente cuando su equipaje rodaba por la cinta transportadora una voz le llamó la atención.


Era un joven, algo mayor que ella, de tez morena y con el que, hace algunos años había tenido algo más que unas palabras. Todo se quedó ahí, cada uno se fue por su lado y todos tan contentos. Ahora, se reencontraban en un mostrador, atravesaban juntos la aduana y compartían sala de embarque durante algo más de una hora.


Hablaron de esto y de aquello, sonrieron y recordaron viejos tiempos. Él, tan "golferas" como de costumbre, no se había casado pero sí tenía dificultades para quedar con todas aquellas que se lo proponían. Ella, seguía siendo también una típica femme fatale: alta, garbosa aunque no excesivamente despampanante pero sí agraciada. Compartieron asientos en Primera Clase y el viaje, interesante a la par que interminable, transcurrió entre risas y pitillos apagados que aún así, mitigaban las ansias de fumarse un cigarro de una sola calada. Parecían dos treinteañeros que rememoraban, gracias a la casualidad, sus amores de quinceañeros. Algo raro pero cierto. Parecía como si el tiempo no hubiera pasado por ellos. Ella, acomodada al lado de la ventana tuvo necesidad de ir al lavabo en un par de ocasiones y de dar paseos por los pasillos de primera pero, sin embargo él, se limitó a mirar a aquella joven gracil a la que dejó marchar gracias a sus "affaires" con unas y con otras.


Al llegar a la ciudad de destino y pisar el aeropuerto, un fuerte olor a café les hizo tomar consciencia de que habían llegado a su destino que no era otro que Cartagena de Indias (Colombia). Tomaron juntos el taxi que primero llevó a Elsa a uno de los hoteles más lujosos de la ciudad del ballenato y luego a él, hospedado en uno más modesto pero no exento de piscina, jacuzzi, sauna, paddel y campo de tenis y golf. Permanecieron, como por arte de magia, exactamente el mismo tiempo, 33 días y volvieron juntos a Madrid. Elsa, como de costumbre, volvió a su acogedora casa, corrió las cortinas para que entrara la luz y al hacerlo, se dio cuenta de que un olor a café de Colombia impregnaba la estancia, fragancia que le recordó aquellos paseos por parajes paradisiacos. Movió el sofá y lo situó en la terraza y desde allí creyó divisar de nuevo aquellas playas de aguas claras y banderas de tres franjas: Amarilla, Azul y Roja. Evocó a Marcos, aquel joven al que volvió a ver tras años sin contacto. Fue entonces cuando se percató de que, a veces, solo a veces, los sueños juegan "malas" pasadas.

2 comentarios:

Sangre dijo...

...Supongo que el gusto por becquer y por lo bien escrito me trajo por aqui, me puse al día...¡¡Animo Periodista...!!
Un abrazo.
Carlos

Cristalina dijo...

Muchas gracias Carlos!

Tu siempre tan majo!

Un abrazo!