
Pensó que era demasiado soñador y que soñaba más despierto que dormido pero volvió a pensar y llegó a la conclusión de que tal vez fuera mejor así. Era feliz pero de una manera extraña. No era feliz porque gozaba de una buena posición social y vivía en uno de los barrios más "chic" de Madrid. Era feliz porque era capaz de soñar todo aquello que imaginaba porque su don de gentes era exagerado y porque era capaz de vaticinar sin margen de error lo que ocurriría en su vida de aquí a 1 años. En definitiva gozaba de una felicidad muy diferente a aquella que sentía cuando una joven atractiva le decía que aceptaba salir con él. Era algo diferente, más intenso. Su pequeña estatura no podía ser comparada con su prominente inteligencia que desprendía a raudales allá por donde fuera. Solo con una frase era capaz de dejar envuelto en una sensación de anonadamiento incuantificable al más sagaz y avispado de los mortales. Era inteligente pero también listo. Inteligente porque su mente no paraba de escudriñar todo lo que ocurría a su alrededor. Listo porque sabía dónde estar, cuándo estar y porqué estar.
Su mente no "cerraba por vacaciones" hasta tal punto se le podía llamar a las tres de la mañana que él, enfrascado en su pijama de rayas, perfectamente te contestaba sin nigún tipo de sobresalto ni desgrado y decirte que estaba reflexionando sobre una obra concreta de Leon Tolstoi o Fiodor Dovstoievski. Era una persona hiperactiva por naturaleza, a la vez que tranquila y pausada, sabía estar y generalmente sabía dejar estar.
A veces me parecía demasiado prudente pero en otras ocasiones, excesivamente malévolo. Su sentido del humor brillaba por su sátira y aunque estaba ennoviado con una espectacular dominicana confesaba sin tapujos que llevaba una relación abierta en la que los celos brillaban por su ausencia. Su lema era "Ama y haz lo que quieras" y, efectivamente así lo hacía. Era el tipo aparententemente perfecto, comprensivo, extrovertido, locuaz y, por supuesto, dispuesto por hacer cualquier cosa por un buen amigo. Cuando su novia viajaba a tierras dominicanas él se quedaba placenteramente en casa estudiando el guión de las películas de nueva hornada que acababan de salir al mercado porque sobra decir que era un cinéfilo empedernido. Era entonces cuando descolgaba el teléfono, se tumbaba en su sofá en "ele" que presidía el salón de su casa, ponía música clásica y entre diálogo y diálogo del film que analizaba, se inventaba historias en las que él fuera el protagonista. Soñaba con ser diferente al resto de la gente y según me contaron lo fue.
1 comentario:
Esta vez si que alabo tu narrativa sin peros.
Creo que a este personaje le vendría bien un punto de neurotismo derivado de un problema neuro-psicológico. ¿Has leído algo sobre el síndrome de piernas inquietas? Hace que la gente no pueda dormir porque tiene pequeños calambres musculares que obligan a mover las piernas toda la noche. Aparecía el caso de una persona que llevaba cuarenta años con este problema en el Magazine de El Mundo de ayer mismo (domingo, 30 de marzo), échale un vistazo.
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