Invictus

Out of the night that covers me,


Black as the Pit from pole to pole,

I thank whatever gods may be

For my unconquerable soul. -

In the fell clutch of circumstance

I have not winced nor cried aloud.

Under the bludgeonings of chance

My head is bloody, but unbowed. -

Beyond this place of wrath and tears

Looms but the horror of the shade,

And yet the menace of the years

Finds, and shall find me, unafraid.

It matters not how strait the gate,

How charged with punishments the scroll,

I am the master of my fate;

I am the captain of my soul.
 
Poema 'Invictus', recitado por Nelson Mandela durante sus años de cautiverio en diversas cárceles de Sudáfrica. Texto original de: William Ernest Henley.

El pergamino número nueve

Mis sueños carecen de valor alguno, mis planes son como el polvo, mis metas son imposibles.


Todo ello carece de valor a menos que sea seguido de la acción. Procederé ahora mismo. Jamás ha existido un mapa, por muy exactos que hayan sido los detalles y la escala, que transportara a su dueño un centímetro de distancia. Jamás ha existido un documento jurídico, por justo que fuese, que haya impedido un crimen. Jamás ha existido un pergamino, aún como el que sostengo ahora, que se haya ganado un centavo, o producido una sola palabra de aclamación. Solamente la acción es la chispa que enciende el mapa, el documento, este pergamino, mis sueños, mis planes, mis metas hasta convertirlos en una fuerza viviente. La acción es mi alimento y bebida de mi éxito.

Procederé ahora mismo.

La demora que me ha retrasado fue hija del temor y ahora reconozco este secreto, extraído de las profundidades de corazones valientes. Ahora sé que para conquistar el temor debo siempre proceder sin vacilación y los estremecimientos de mi corazón desaparecerán. Y ahora sé que la acción reduce al león del terror a una hormiga de ecuanimidad.

Procederé ahora mismo.

De aquí en adelante, recordaré la lección de la luciérnaga que proyecta su luz solamente cuando vuela, solamente cuando está en acción. Me convertiré en luciérnaga y aún durante el día se verá mi resplandor a pesar del sol. Que otros sean como las mariposas que se acicalan las alas, y que sin embargo dependen de la caridad de una flor para vivir. Seré como una luciérnaga y mi luz iluminará el mundo.

Procederé ahora mismo.

No eludiré las tareas de hoy ni las postergaré para mañana, porque sé que el mañana nunca llega. Déjenme proceder ahora aunque mis acciones no traigan la felicidad o el éxito, porque es mejor proceder y fracasar que quedarse inactivo y salir del paso a duras penas. La felicidad, en realidad, quizá no sea el fruto arrancado mediante mi acción, y sin embargo sin la acción todo fruto morirá en su tallo.

Procederé ahora mismo.

De aquí en adelante, repetiré estas palabras constantemente, cada hora, cada día, todos los días, hasta que las palabras se conviertan en un hábito como el respirar y las acciones que sigan sean algo tan instintivo como el pestañear. Con estas palabras puedo preparar la mente para hacer frente a todo desafío que el fracasado elude.

Procederé ahora mismo.

Repetiré estas palabras una vez tras otra. Las pronunciaré cuando despierte al saltar de mi cama, mientas el fracasado duerme una hora más.

Procederé ahora mismo.

Cuando entre al mercado las pronunciaré e inmediatamente confrontaré a mi primer cliente, mientras el fracasado medita con detenimiento sobre la posibilidad de que se lo desaire.

Procederé ahora mismo.

Cuando me encuentre frente a una puerta cerrada, las pronunciaré, y luego llamaré mientras que el fracasado espera afuera con temor y temblor.

Procederé ahora mismo.

Las pronunciaré cuando me confronte la tentación, y procederé de inmediato para sacarme a mí mismo del mal.

Procederé ahora mismo.

Cuando esté tentado a abandonar la lucha para comenzar mañana, pronunciaré estas palabras y procederé de inmediato a consumar otra venta.

Procederé ahora mismo.

Solamente la acción determina mi valor en el mercado, y para multiplicar mi acción transitaré allí donde el fracasado teme andar. Trabajaré cuando el fracasado busque descanso. Hablaré cuando el fracasado permanece en silencio. Visitaré a diez personas que pueden comprar mis mercancías, mientras que el fracasado se formula planes grandiosos para visitar uno solo. Afirmaré que la labor está cumplida antes que el fracasado diga que es demasiado tarde.

Procederé ahora mismo.
Porque el ahora es todo lo que tengo. Mañana es el día reservado para el trabajo de los haraganes. Yo no soy un haragán. Mañana es el día cuando el malo se vuelve bueno. Yo no soy malo. Mañana es el día cuando el débil se vuelve fuerte. Yo no soy débil. Mañana es el día cuando el fracasado tendrá éxito. Yo no soy un fracasado.

Procederé ahora mismo.

Cuando el león siente hambre, come. Cuando el águila siente sed, bebe. Si no procedieran, si no actuaran, ambos morirían. Yo siento la sed del éxito. Siento sed de felicidad y de paz mental. Si no procedo, si no actúo, pereceré en una vida de fracaso, de miseria, de noches de insomnio.

Impartiré órdenes y obedeceré mis propias órdenes. Procederé ahora mismo.
El éxito no esperará. Si demoro, será como una novia que se casará con otro y la perderé para siempre. Ahora es el momento oportuno, éste es el lugar, yo soy el hombre.



El vendedor más grande del mundo, Og Mandino.



365 noches después

Recuerdo todo lo que ocurrió aquella noche. Tal día como hoy, 25 de septiembre. La noche se echaba cuando me llamó Pablo. Hacía tiempo que no tenía noticias suyas ni de su rastra. Habíamos perdido la pista  el uno del otro y  por esa razón, me alegró su llamada. Hablamos cerca de una hora y casi sin darse cuenta, me convirtió la larga espera en algo más agradable. Porque a veces unas palabras, en el momento preciso, pueden hacernos la vida más llevadera. Igual que nunca olvidaré la fecha de aquella llamada, también recordaré sus últimas palabras y el tono preocupante con que las ponunció: ‘Cristina, ¿puedo hacerte una pregunta? Permanecí en silencio por espacio de unos segundos, dubitativa. Contesté un escueto ‘sí’ y él añadió simplemente, ¿Te pasa algo, verdad?


Porque la realidad siempre sucumbe a la impostura como si se tratase de un oso frente a un nido de miel. Resulta demasiado complicado vivir con una losa ahí dentro, donde se alojan los sentimientos y (dicen) los remordimientos. Eludí el tema con un ‘Ya hablaremos, Pablo’ y desde esa noche hasta la de hoy, han transcurrido justamente otras 365. No volví a saber de él pero sí pude comprobar que todo lo que hacemos, más tarde o más temprano, nos es devuelto.

Mi único objetivo

He llegado a este mundo sin nada y lo único que me llevaré cuando me marche será mi conciencia.
'Aquel que dijo 'más vale tener suerte que talento', conocía la esencia de la vida. La gente tiene miedo a reconocer que gran parte de la vida depende de la suerte, asusta pensar cuántas cosas escapan a nuestro control. En un partido, hay momentos en que la pelota golpea con el borde de la red, y durante una fracción de segundo puede seguir hacía delante o hacía detrás. Con un poco de suerte, sigue hacía delante y ganas, o no lo hace y pierdes'

Match Point (Woody Allen)

¿Qué quieres ser de mayor?

'Tenía cinco años cuando, un día en la escuela, la profesora me preguntó: ¿Qué quieres ser de mayor? Contesté 'feliz' y ella dijo:  'Me temo que no has comprendido el significado de la pregunta'. Entonces yo respondí: 'Usted es quien no ha comprendido el sentido de la vida'

Jonh Lennon,

La serpiente y la luciérnaga

Cuenta la leyenda, que una serpiente comenzó a perseguir incesantemente a una luciérnaga. Ésta huía asustada y a toda velocidad de la predadora, pero ella le perseguía sin tregua alguna.

Huyó durante un día... dos días... y al tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga frenó y dijo a la serpiente:

-¿Puedo hacerte tres preguntas?

-No acostumbro a otorgar ese privilegio a nadie, pero como te voy a devorar... puedes preguntar!


-¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?

-No -contestó la serpiente...

-¿Te he hecho algún mal?

-No... -volvió a responder.

-Entonces, ¿por qué quieres acabar con mi vida? -siguió  preguntando la luciérnaga.

-Porque no soporto verte brillar... -terminó diciendo la serpiente.

'Si no se tiene avidez por el conocimiento, no se conocerá el éxito'

Tengo el honor de estar hoy aquí presente en la ceremonia de graduación de una de las más prestigiosas universidades en el mundo. A decir verdad, esto es lo más cerca que estuve jamás de una graduación universitaria. Hoy deseo contarles tres relatos acerca de mi vida. Eso es todo. Nada del otro mundo. Simplemente tres relatos.


El primer relato es acerca de unir los distintos puntos.

Abandoné los estudios en Reed College después de los primeros 6 meses, pero luego permanecí como oyente por otros 18 meses aproximadamente antes de dejarlos completamente. Así que, ¿por qué abandoné?

Todo comenzó antes de que yo naciera. Mi madre biológica era una joven soltera, graduada universitaria, que decidió colocarme en adopción. Creía enérgicamente que debía ser adoptado por universitarios graduados, de modo tal que todo se organizó para que fuese adoptado al nacer por un abogado y su esposa. Excepto que cuando emergí ellos decidieron a último momento que deseaban una niña. Así que mis padres, que estaban en una lista de espera, recibieron una llamada en el medio de la noche que decía: “Tenemos un varoncito inesperado, ¿lo quieren?” Dijeron: “Por supuesto.” Mi madre biológica averiguó más tarde que mi madre adoptiva nunca se había graduado de la universidad y que mi padre nunca había terminado el colegio secundario. Se rehusó a firmar los papeles definitivos de adopción. Solo se avino a hacerlo unos meses después, cuando mis padres le prometieron que algún día yo iría a la universidad.

Y 17 años más tarde fui a la universidad. Pero ingenuamente elegí una universidad que era casi tan cara como Stanford, y todos los ahorros de mis padres de clase trabajadora se estaban destinando a mis aranceles universitarios. Luego de seis meses, no le encontraba sentido a esto. No tenía idea de lo que quería hacer con mi vida y tampoco de qué manera la universidad me ayudaría a resolverlo. Y aquí me encontraba desperdiciando todo el dinero que mis padres habían ahorrado durante toda su vida. Así que decidí abandonar los estudios y confiar que todo se arreglaría eventualmente. Era una decisión bastante temerosa en ese momento, pero a la distancia fue una de las mejores decisiones que pude haber tomado. En el momento en que abandonara la universidad podía dejar de asistir a las clases que no me interesaban, y sí participar como oyente de aquellas que parecían interesantes.

No todo fue romántico. No tenía un dormitorio, así que dormía en el piso en las habitaciones de amigos, devolvía las botellas de gaseosa para obtener los 5 centavos de depósito para comprar comida, y caminaba las 7 millas a través de la ciudad cada domingo por la noche para recibir una buena comida una vez por semana en el templo Hare Krishna. Me encantaba. Y mucho con lo que tropecé más adelante como consecuencia de hacerle caso a mi curiosidad e intuición resultó no tener precio después.

Déjenme darles un ejemplo: Reed College en ese momento ofrecía quizás el mejor aprendizaje de caligrafía del país. En toda la ciudad universitaria cada cartel, cada etiqueta en cada cajón, era caligrafiado a mano de una manera bellísima. Dado que había abandonado los estudios y no tenía que asistir a las clases normales, decidí tomar un curso de caligrafía para aprender cómo se hace eso. Aprendí acerca de los tipos de letra con trazos de pie, cómo variar la cantidad de espacio entre diferentes combinaciones de letras, todo aquello que hace que la admirable tipografía sea grandiosa. Era hermoso, histórico, artísticamente sutil de un modo que la ciencia no puede captar, y yo lo consideraba fascinante.

Nada de esto albergaba siquiera la mínima esperanza de alguna aplicación práctica en mi vida. Pero diez años más tarde, cuando estábamos diseñando la primera computadora Macintosh, todo volvió a mi mente. Y lo volcamos todo en la Mac. Era la primera computadora con bellísima tipografía. De no haber asistido a ese único curso universitario, la Mac no hubiera tenido nunca tipos de letras múltiples o fuentes espaciadas proporcionalmente. Y dado que Windows simplemente copió a Mac, es posible que ninguna computadora personal las hubiera tenido. De haber proseguido mis estudios universitarios, no hubiera asistido a ese curso de caligrafía, y las computadoras personales no tendrían la maravillosa tipografía que tienen.

Por supuesto que era imposible haber unido los diferentes puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en la universidad. Pero fue muy, muy claro al mirar para atrás diez años más tarde.

Nuevamente, no se pueden unir los distintos puntos mirando para adelante; se pueden unir únicamente mirando hacia atrás. Así que deben confiar que de alguna manera los puntos se unirán en el futuro. Deben confiar en algo sus agallas, el destino, la vida, el karma, lo que sea. Este enfoque no me ha traicionado nunca, e hizo toda la diferencia en mi vida.



...

Mi segundo relato es acerca del amor y la pérdida.

Yo tuve suerte – descubrí lo que realmente quería hacer temprano en mi vida. Woz y yo comenzamos con Apple en el garaje de mis padres cuando tenía 20 años. Trabajamos duro, y en 10 años Apple creció de ser una empresa compuesta por nosotros dos en un garaje a una empresa de $2 mil millones con más de 4000 empleados. Habíamos lanzado nuestra creación más refinada – Macintosh – un año antes, y yo acababa de cumplir 30. Y después me despidieron. ¿Cómo se puede ser despedido de la empresa que uno inició?

Pués, a medida que Apple crecía contratamos a alguien que yo pensaba que era sumamente talentoso para dirigir la empresa conmigo, y durante el primer año o más las cosas anduvieron bien. Pero luego nuestras visiones acerca del futuro comenzaron a diferir y eventualmente tuvimos una disputa.

Al tenerla, nuestro Directorio lo apoyó a él. Así que a los 30 estuve afuera. Y bien afuera. Aquello en lo que me había concentrado durante toda mi vida adulta había desaparecido, y fue devastador.

Realmente no supe qué hacer durante unos pocos meses. Sentía que había decepcionado a la anterior generación de emprendedores – que había soltado la batuta mientras que me la estaban pasando. Me reuní con David Packard y Bob Noyce y traté de disculparme por haber echado a perder las cosas de tal manera. Yo representaba un fracaso público muy importante, y hasta pensé en retirarme del valle.

Pero poco a poco empecé a darme cuenta que todavía amaba lo que estaba haciendo. El curso de los acontecimientos en Apple no había cambiado eso para nada. Había sido rechazado, pero aún amaba lo mío. Así que decidí empezar de nuevo.

No me dí cuenta entonces, pero resultó que el hecho de haber sido despedido de Apple fue lo mejor que me pudo haber pasado. El peso del éxito fue reemplazado por la facilidad de convertirme en un principiante una vez más, con menor certidumbre acerca de todo. Me dio rienda suelta para ingresar en uno de los períodos más creativos de mi vida.

Durante los próximos cinco años, inicié una empresa llamada NeXT, otra empresa llamada Pixar y, me enamoré de una maravillosa mujer que se convertiría en mi esposa. Pixar llegó a crear el primer largometraje animado por computadora en el mundo, Toy Story, y en la actualidad es el estudio de animación más exitoso a nivel mundial. En un giro destacado de acontecimientos, Apple adquirió NeXT, volví a Apple, y la tecnología que desarrollamos en NeXT está en lo más recóndito del renacimiento actual de Apple. Y tenemos, Laurene y yo, una maravillosa familia juntos. Estoy seguro de que nada de esto hubiera pasado de no haber sido despedido de Apple. Fue un trago amargo, pero creo que el paciente lo necesitaba.

A veces la vida golpea en la cabeza con un ladrillo. No pierdan la fe. Estoy convencido de que lo único que me mantenía en curso era que amaba lo que hacía. Deben encontrar lo que realmente les apasiona. Y esto es tan cierto respecto del trabajo como lo es respecto del amor. El trabajo les llenará una parte importante de sus vidas, y la única manera de sentirse realmente satisfecho es realizar lo que consideran un gran trabajo. Y el único modo de realizar un gran trabajo es amar lo que uno hace. Si no lo han encontrado aún, sigan buscando. No se conformen. Así como sucede con todos los asuntos del corazón, sabrán cuando lo hayan encontrado. Y, así como sucede en cualquier gran relación, mejora más y más a medida que transcurren los años. Así que sigan buscando hasta que lo encuentren. No se conformen.



...

 

Mi tercer relato es acerca de la muerte.

Cuando tenía 17, leí una cita que decía más o menos lo siguiente: “Si vives cada día como si fuera el último, algún día seguramente tendrás razón.” Me impresionó, y desde entonces, por los últimos 33 años, he mirado en el espejo cada mañana y me he preguntado: “¿Si hoy fuese el último día de mi vida, querría hacer lo que estoy por hacer hoy?” Y cada vez que la respuesta ha sido “No” durante demasiados días seguidos, sé que debo cambiar algo.

El recordar que estaré muerto pronto es la herramienta más importante que he encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones en la vida. Porque casi todo – todas las expectativas externas, todo el orgullo, todo temor a la vergüenza o al fracaso – todas estas cosas simplemente desaparecen al enfrentar la muerte, dejando sólo lo que es verdaderamente importante. Recordar que uno va a morir es la mejor manera que conozco para evitar la trampa de pensar que hay algo por perder. Ya se está indefenso. No hay razón alguna para no seguir los consejos del corazón.

Me diagnosticaron un cáncer hace un año aproximadamente. Me practicaron una tomografía computada a las 7:30 de la mañana, y claramente mostraba un tumor en mi páncreas. Yo ni sabía lo que era el páncreas. Los médicos me dijeron que éste era seguramente un tipo de cáncer incurable, y que no llegaría a vivir más de tres a seis meses. Mi médico me aconsejó ir a casa y arreglar mis asuntos, que es el código médico para prepararse para morir.

Quiere decir que hay que tratar de explicarles a los hijos todo aquello que pensaba que iba a tener diez años para contarles, en pocos meses. Significa asegurarse de tener todo puntualmente arreglado de modo que sea lo más fácil posible para la familia. Significa empezar a decir adiós.

Pasé el día entero con ese diagnóstico. Luego por la tarde me realizaron una biopsia, en la que introdujeron un endoscopio por la garganta, a través del estómago y hasta los intestinos, pusieron una aguja en mi páncreas y retiraron algunas pocas células del tumor. Estaba sedado, pero mi esposa, que estaba allí, me dijo que cuando vieron las células bajo el microscopio los médicos comenzaron a gritar porque resultó que era una forma muy rara de cáncer pancréatico que se cura mediante cirugía. Me realizaron la cirugía y estoy bien ahora.

Fue lo más cerca que me encontré de la muerte, y espero que sea lo más cerca que me encuentre por varias décadas. Habiendo pasado esto, les puedo decir lo siguiente con un poco más de seguridad que cuando la muerte era un concepto útil pero puramente intelectual: Nadie quiere morir. Aún la gente que quiere ir al cielo no quiere morir para llegar allí. Y sin embargo la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha logrado escapar. Y así es como debiera ser, porque la muerte es muy probablemente la única mejor invención de la vida. Es el agente de cambio de la Vida. Retira del camino lo viejo para dar paso a lo nuevo. En este momento lo nuevo son ustedes, pero algún día no demasiado lejano, gradualmente se convertirán en lo viejo y se los sacará del camino. Lamento ser tan dramático, pero es realmente cierto.

Su tiempo es limitado, así que no lo malgasten viviendo la vida de otro. No se dejen atrapar por el dogma – que implica vivir con los resultados de las creencias de otros. No permitan que el ruido de otras opiniones ahogue vuestra voz interior. Y lo que es más importante, tengan el coraje de seguir a sus corazones e intución. De algún modo ellos ya saben lo que ustedes realmente quieren llegar a ser.Todo lo demás es secundario.

Cuando era joven, existía una publicación maravillosa llamada The Whole Earth Catalog, que era una de las biblias de mi generación. La había creado un sujeto llamado Steward Brand no demasiado lejos de aquí en Menlo Park, y le transmitió su toque poético. Esto sucedía en los últimos años de la década de 1960, con anterioridad a la publicación mediante computadoras personales y de escritorio, así que todo se llevaba a cabo con máquinas de escribir, tijeras, y cámaras polaroid. Era una clase de Google en edición rústica, 35 años antes de la aparición de Google: era idealista, y desbordante de herramientas prolijas e ideas importantes. Stewart y su equipo publicaron varias ediciones de The Whole Earth Catalog, y luego cuando había cumplido su ciclo, publicaron una edición final.

Esto sucedía a mediados de la década de 1970, y yo tenía la edad de ustedes. En la tapa de la edición final había una fotografía de un camino rural a primeras horas de la mañana, del tipo de ruta que ustedes caminarían si fueran tan aventureros. Debajo de la foto aparecían las siguientes palabras: “Si no se tiene avidez por el conocimiento, no se conocerá el éxito”. Era su mensaje de despedida al anunciar el fin de la publicación.


Si no se tiene avidez por el conocimiento, no se conocerá el éxito. Y siempre he deseado eso para mí. Y ahora, que ustedes se gradúan para empezar de cero, deseo eso para ustedes.

Steve Jobs, Stanford, EE.UU.

Y sin embargo...

Y sin embargo, si le dieran a elegir entre entregar o arrebatar su vida, se la daría. Porque, en muchas ocasiones, el peor castigo no es el final de la vida, si no la muerte en vida.

Y sin embargo, si le dieran a elegir entre todos los males existentes, no le desearía ninguno pues no hay peor mal que el que no tiene cura y acompaña al hombre hasta el último de sus días: la mala conciencia.

Y sin embargo, si le dieran a elegir y pudiera quitarle todos sus muñecos, no le quitaría ninguno pues todos ellos son juguetes rotos.

Y sin embargo, si le dieran a elegir y le permitieran robarle los amigos que tiene, no le robaría ninguno, pues ninguno tiene. Porque no hay peor castigo que la soledad del líder.

Y sin embargo, si le dieran a elegir entre azotarle las espaldas o dejarle salir a pasear, le dejaría caminar tranquilamente por la ciudad. Porque no hay nada peor azote que el sentirse solo entre una inmensidad de gente.

Y sin embargo, si le dieran a elegir entre su fracaso y su éxito, le otorgaría el éxito. Porque no hay mayor condena que fracasar con uno mismo.

Y sin embargo, si le dieran a elegir entre su risa y su llanto, escogería la primera. Porque el peor de los castigos no es llorar si no reir con el corazón pútrido.

Y sin embargo, si le dieran a elegir entre terminar por siempre o empezar de nuevo, le permitiría terminar sin redención con su anodina vida. Porque no hay peor castigo que el que carga el cobarde al levantarse cada mañana.

Y sin embargo, si le dieran a elegir entre su vigilia eterna o su sueño profundo, escogería la somnolencia duradera. Porque no hay peor lastre que el subconsciente te anule cada medianoche con sus pesadillas y sueños.
Y sin embargo, si le dieran a elegir entre volver atrás o marchar hacia adelante, escogería la huída en línea hacia el mañana. Porque no hay peor castigo que ver pasar el tiempo y contemplar la huída de lo que nunca tendrás.

Y sin embargo, si le dieran a elegir entre la justicia y la injusticia, escogería la injusticia. Porque no hay peor juicio que el que ejerce uno mismo sobre sí al acostarse todas las noches.

Y sin embargo, si le dieran a elegir entre su pasado o su futuro, escogería el mirar hacia el horizonte. Porque no hay peor castigo que no haber presenciado el ocaso. Y porque no hay peor futuro que el de la marrioneta, el del indeciso, el del desgraciado que nada dirige.

Y sin embargo, si le dieran a elegir entre su riqueza o su pobreza, escogería su bienestar económico. Porque no hay peor castigo que el del millonario de alma pútrida y corrompida.

Y sin embargo, si le dieran a elegir entre la guerra y la paz, aún teniendo razones para el uso de las armas, escogería la concordia. Porque no hay peor castigo que la guerra en la que el enemigo es uno mismo.

Y sin embargo, si le dieran a elegir entre su ascenso o su caída, escogería su triunfo. Porque no hay peor castigo que el del vencedor vencido por uno mismo.

Y sin embargo, si tuviera en una de sus manos una guillotina y le dieran a elegir entre dejarla caer o no, no la dejaría. Porque no hay peor condena que tener remordimientos hasta el mismo día del Juicio Final.

Y sin embargo, si le dieran a elegir entre entregarle o no el objeto de su deseo, se lo daría sin dubitar. Porque no hay peor castigo que encontrar todo lo que se perdió en el camino y no tener capacidad para disfrutarlo.

Y sin embargo, si le dieran a elegir entre concederle o no la vida, le dotaría de personalidad. Porque no hay peor castigo que el del orgulloso, el materialista y el corrupto de alma.

Y sin embargo, si le dieran a elegir entre todo lo que aquel tendrá algún día (por mucho que fuere) y lo que el conseguirá, se quedaba con lo poco que tiene. Sin pretensión alguna. Porque no hay peor castigo que una vida de farsa y apariencias.

Y sin embargo, si le dieran a elegir entre dejarle ser yunque o martillo, le dejaría ser martillo. Porque no hay peor castigo que el que después sobreviene al martillo que cuando fue tal no fue clemente y ahora,  solicita redención de pena cuando, el yunque lo azuza.

Y sin embargo, si le dieran a elegir entre su amor y su desamor, escogería su amor. Porque no hay peor castigo que el no volver a disfrutar de aquella sonrisa clara, como el amanecer.

Y sin embargo, si le dieran a elegir entre la luz y la oscuridad, escogería la luz. Porque no hay peor castigo que el que vive rodeado de luz pero es oscuro.

Y sin embargo, si le dieran a elegir entre rodearle de gente o dejarle solo, le rodearía de millones de personas. Porque no hay peor castigo que el del hombre que  vive rodeado de falsedades y se levanta todos los días olvidando el ayer. Porque el ayer, el pasado, siempre vuelve.

Y sin embargo, si le dieran a elegir una sola cosa para sí, escogería no perder esa identidad, esa huella, ese rastro que se ha convertido en su fiel compañero. Escogería ser ella misma.

El Otro Yo

Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la naríz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo. El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente, se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse incómodo frente a sus amigos. Por otra parte, el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.
Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó, el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo qué hacer, pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañama siguiente se habia suicidado. Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero enseguida pensó que ahora sí podría ser enteramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó.
Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió a la calle con el propósito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos, vio que se acercaban sus amigos. Eso le lleno de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas. Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: 'Pobre Armando. Y pensar que parecía tan fuerte y saludable'.

El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.



Doblan por ti

Sobran las palabras a la hora de recordarte. Fue un día como hoy solo que desde entonces, el calendario quemó un lustro, ¿y parece que fue ayer, verdad? La mañana amaneció triste. Algo lluviosa, justamente con el mismo corte que aquella en la que las campanas doblaron por ti. Echando la vista atrás tomo conciencia de todo lo que ha pasado desde esa tarde fría del mes de abril. Un cúmulo de sensaciones, impresiones, sentimientos, decepciones, experiencias, desilusiones, aventuras... se apoderan de mí. Y me hacen suya mientras te veo ahí, frente a mí, asintiendo a mis afirmaciones para dotarlas de mayor rotundidad mientras tomo tus manos y te hago llegar mi presencia en forma de frialdad. Porque siempre seré tu nieta, tu nieta 'la de las manos frías', ¿recuerdas?. 

‘Nadie es una isla, completa en sí mismo; cada hombre es un pedazo del continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuída, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia; la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; y por consiguiente, nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti’