"La fuerza de lo inanimado"


No puedo describir con palabras lo que sentí cuand, tras más de tres meses, de nuevo, volví a estar en tus alrededores. En esta ocasión todo era distinto. Te desconchabas, tus paredes parecían inertes y eran grises y tu chimenea ya no emanaba ese humo negro y profundo que tantas veces impregnó mi ropa. Había pasado entre tus paredes más de 16 años: Los veranos de toda mi infancia y los fines de semana y puentes de mi adolescencia. Me viene a la memoria aquella mañana en la que te abandoné para siempre. Fue a finales del mes de julio. Pensé que te cambiaría solo momentáneamente por una estancia transitoria en las playas de Levante. Me fui y nunca me despedí de ti. No te dije ni un solo adiós ni un triste hasta luego. Estaba tan ensimismada con mi viaje que me olvidé de hacerlo. Me subí en el coche y emprendí rumbo a mi destino. Cuando a los escasos cinco minutos pasé frente a tí, te miré mientras mantenía una conversación que adoptó un tono acalorado por mi parte. Iba ilusionada, muy ilusionada, porque después de varios años, volvería a oler el mar, a sentir el pegajoso calor murciano y a ennegrecerme no sin antes cubrirme de una buena capa de crema protectora.

Así, sin más, me fui. Al cabo de 23 días contados volví y te ví ahí, como de costumbre, al lado derecho de la Carretera de Valencia, encalada, con flores en las ventanas y las cortinas de rayas en tu puerta. Dos pinos te hacían compañía desde antiguo. En principio, todo parecía normal y en realidad lo fue hasta justo un año después cuando un conjunto de desalmados decidieron ultrajarte y desvalijarte. Te despojaron de la vida que todavía emanabas. Te hicieron daño y lo sé. Imagino que esa noche llorarías de manera figurada y que, después, lo volviste a hacer no sin motivos.

De eso hace ahora prácticamente cinco años. Ha pasado el tiempo, los días han transcurrido y pese a mi resistencia hoy volví a visitarte. Aguanté las lágrimas que a punto estuvieron de brotar de mis ojos. Había decidido no bajarme del coche para verte sino simplemente observarte desde escasos metros, verte de nuevo e intentar oler ese aroma a humo que años atrás soltabas por tu polvorienta chimenea, esa a la que tanto interés tomé porque siempre pegaba sus olores a mi ropa de manera infiel, esa frente a la que tantas veces me senté para comer palomitas junto a mi hermano, esa al lado de la que tantos ejercicios hice en el verano cuando no emanaba calor. Miré al cielo y vi que habías muerto, que no tenías vida, que esperabas que alguien te encendiera como antiguamente hacíamos, sabía que lo agradecerías como un niño agradece un regalo por Reyes. Saqué fuerzas de flaqueza y decidí bordearte, observar los campos de lirios y azucenas que te cubrían como un buen capote de paseo a un torero pero desgraciadamente no vislumbré ningún atisbo de existencia. Te rodeé pero a la mitad de camino decidí volverme y mirar hacia el horizonte, ese que tantas veces y años había observado.


En esta ocasión, era grisáceo, el ocaso se apoderaba del cielo y, la vida transurría con normalidad, las carreteras se desgastaban con las rudas ruedas de los automóviles, los pájaros revoloteaban en el opaco firmamento y tu estabas ahí, con hambre de compañía, con ganas de que se te encale de nuevo y vuelvas a sentir las risas y los llantos que te daban vida. Solo pude darme la vuelta, subir rápidamente a la parte trasera del automóvil y volver a rememorar, con las mejillas pobladas de lágrimas, todas las andanzas que viví junto a ti y tu inherente aroma (en invierno a humo y tierra mojada y en verano a hierbabuena). Recordé los ladridos de aquellos animales que te defendían frente a extraños, de las correrías que protagonicé y sobre todo, de las veces que renegué de tu existencia. Ahora me doy cuenta de que echo de menos a eso que un día (o muchos) eché de más.

"Quizás, quizás, quizás"


Viernes, 14 de diciembre de 2007

El mes que pone el broche al año expiraba poco a poco. Estábamos en diciembre, hacía calor en casa y un frío helador en el exterior. Mi casa se erigía como un fuerte caluroso al igual que mi corazón, que caliente, latía más alborotado que de costumbre debido no sé muy bien a qué: QUIZÁS a algo en particular, QUIZÁS a alguien en especial, QUIZÁS a nada particular ni general. Los termómetros registraron aquella noche las temperaturas más gélidas de lo que iba de estación. Se aproximaba el invierno, la oscuridad reinaba en la ciudad y el hielo comenzaba a aflorar en los coches que por la mañana necesitaron de un buen masaje cardíaco para volver a ponerse en marcha. Se les había parado el corazón, lo tenían, como la novela de Almudena Grandes, helado.

Me asomé a la ventana, en la que rápido se formó un círculo de vaho, miré, absorta, a ambos lados del bulevar y te vi allí, sentado en el banco, ataviado con lo que parecía un jersey azul de cuello vuelto y unos pantalones oscuros. Por momentos pensé que me mirabas y que me enviabas una sonrisa desde la helada acera. El nerviosismo hizo que mi corazón latiera más rápido porque pensé que te "habían enviado" como regalo de Navidad. QUIZÁS hubiera sido el mejor, QUIZÁS el peor, QUIZÁS uno como otro de tantos de esos con los que te encariñas enseguida solo que con corazón. Un corazón quizás helado a tenor de la frialdad que transmitiste por momentos. Me moví hacia el otro lado de la ventana pues la otra estaba ya repleta de un vaho profundo. Miré ensimismada y ya no te ví, en tu lugar había algo que parecía ser un papel. Pensé que se trataba de un periódico cualquiera pero agudizando la vista y limpiando el vaho del cristal conseguí ver lo que parecía ser una carta.

Aturdida, decidí abrir la ventana y de repente el frío invadió mi alma e hizo desaparecer el calor que emanaba de mi corazón. Sin pensarlo, la intriga se apoderó de mi, bajé las escaleras corriendo para no perder tiempo esperando al ascensor y cuando llegué a la calle, franqueé la puerta de la urbanización, pisé el suelo descalza, me estremecí por momentos pero eché a correr hasta llegar al banco donde yacía un papel. Pensé que se trataba de un sueño y por ello me rasgué los ojos. El alumbrado navideño había desaparecido, perdí la noción del tiempo, a veces pienso que estuve minutos, otras que solo fueron unos segundos insignificantes. El folio blanco estaba doblado a modo de carta. Lo abrí y solo pude ver tres palabras en él. Con letra algo inclinada pero perfectamente legible pude leer un simple: Quizás, quizás, quizás...

"Seamos realistas, pidamos lo imposible"


Siente que un puñal desgarra su espalda y algo le punza el corazón. Siente que la gente le falla, que su confianza es invadida por las sombras, que llora y nadie le escucha e incluso que canta y que ni tan siquiera le sale la voz. No sabe si será el tiempo, el estrés o los sinsabores de la vida. Se resguarda en sus sueños, esos cuyo cumplimiento está por ver. Siente que no entiende nada, que la vida le confunde, que los árboles son grises y el cielo opaco, que no ve el reloj de su muñeca, que el tiempo pasa y la inanidad conquista el barco de la inseguridad.

Su barco, ese que a veces navega viento en popa y a toda vela pero que ahora tiene enfrente un iceberg y no sabe qué rumbo tomar. No sabe si ir a babor o a estribor. Intenta no desviarse de la ruta que tiene en un viejo mapa pesquero roto por el transcurrir de los años pero al final tal vez tenga que decir adiós a ese sueño que comenzó a hacerse realidad una tarde de verano cuando azarosamente decidió emprender un largo viaje con escala en varios lugares del planeta. El barco zarpó, se subió cuando las turbinas eran puestas en marcha por el comandante del navío Future y ahora está en fase de aturdimiento.

Solo se siente libre cuando se acomoda en la proa, cierra los ojos y sueña con el que es su deseo más íntimo: el de justicia, el de transformar el mundo, el ansiado por Aristóteles, Stuart Mill y Enmanuel Kant entre otros. Está perdida en mar abierto, no sabe definir justicia pero si sabría identicarla.

Ahora mismo la veo, está ahí, sola tras la ventana de su cuarto mirando como llueve y cómo ese barquito de papel se ahoga en el charco creado en el talud de ese descampado que tiene frente a sí. El barco está tocado pero espera que amaine el temporal para continuar navegando.

"This history is based on real facts"


Es una mujer de tez negruzca, probablemente nacida en territorio guayaquileño, la protagonista de esta historia. Iba acompañada de la que parecía ser su amiga a la par que compatriota tal y como evidenciaban los comentarios que intercambiaban en un vagón de metro de una línea cualquiera. Subieron al vagón y debido al hacinamiento resultaron situarse frente a una chica joven, alta y amante de los sueños. Pero esta historia supera la mera ficción. Es una historia real. Parecía ser estudiante por la carpeta en la que se veían los folios roídos de cuadros que sobresalían por los márgenes. Llamada por su "curiosidad social" decidió prestar atención a lo que aparentemente no parecía tener importancia: la conversación de las dos mujeres que tenía enfrente. Conforme esta avanzaba la tez de la joven, probablemente universitaria, palidecía.


"Me echó la mano en dos ocasiones"- dijo la protagonista de la historia en curso. "Sí, sí, una vez me intentó tomar por el cuello pero tuve reflejos y me aparté a tiempo"


Su compañera le dijo: "¿Cómo dices? ¿Te echó la mano al cuello? a lo que la otra replicó: "Así fue mijita. Lo que oyes. Yo ya le he dicho que si no quiere estar conmigo que se vaya con otra pero que podemos seguir compartiendo casa. Yo le haré todas las labores del hogar (planchar, lavar, abrir la puerta, cocinar...) pero si así lo desea él que se vaya con otra muchachota más joven y bella"


"Mijita haces muy bien"- contestó la amiga.

De nuevo, la protagonista de la historia tuvo la palabra: "Pero cuando me intentó "echar la mano" por tercera vez no le dejé. Me eché sobre él y le aporreé. Desde entonces no se le ocurrió tocarme"


Pegada a la puerta del vagón de metro, la joven, cada vez más perpleja, continuó inmiscuida en la conversación: "A mí me da igual, con tal de que me pague la hipoteca de la casa de acá. Me da igual. Él me mantiene, me paga todo: la telefonía, la casa, mis gastos..."


"No le quedan ni cinco euros para tabaco entonces, ¿no?- preguntó la amiga a lo que su compatriota dijo riendo: "casi casi no le queda nada. yo pago la casa de allá (El Ecuador) y si me separó de él me quedaré con todo, el piso de acá que me lo tiene que pagar y el de allá porque es mío, también me apropio del coche y de todo lo demás"

"Haces requetebien"- expuso la amiga.


A todo esto, estudiando la situación pensó que la realidad supera la ficción.

Agua y sed, serio problema


Cómo quieres ser mi amigo si por ti daría la vida,
si confundo tu sonrisa por camelo si me miras.
Razón y piel, difícil mezla,
agua y sed, serio problema.
Cómo quieres ser mi amigo si por ti me perdería si confundo tus caricias por camelo si me mimas.
Pasión y ley, difícil mezcla,
agua y sed, serio problema...cuando uno tiene sed pero el agua no está cerca, cuando uno quiere beber
pero el agua no está cerca.
Qué hacer, tú lo sabes, conservar la distancia, renunciar a lo natural, y dejar que el agua corra.
Cómo quieres ser mi amigo cuando esta carta recibas,un mensaje hay entre líneas, cómo quieres ser mi amigo.

"Días en blanco, noches en vela"




Y efectivamente así es últimamente ella, la vida que poseo desde hace 20 años. Necesito de días en blanco y noches en vela para afrontar de la mejor manera posibe la realidad, esa que por más que quieras evadir llama a tu puerta continuamente y te hace abrir los ojos que, un día más, muestran unas pestañas perfectamente cubiertas de máscara de color negro.


Y es que ya lo decía Muñoz Molina en su obra "En ausencia de Blanca"cuando definía la novela como "una obra literaria capaz de provocar tal perplejidad en el lector que éste necesitaría días en blanco y noches en vela para descifrarla". Yo estoy aún en el principio del camino necesario para intentar descifrar el acertijo de la vida, aunque sé que voy por un sendero equivocado y dificultoso que me hace retroceder constantemente para no alcanzar la bandera que ondea al fondo del laberinto. Rodeada de arizónicas me doy cuenta de que cada día aprendo más cosas. Algunas demasiado pronto como por ejemplo, el peso que tiene la responsabilidad. Descubro cosas pero, como todo mortal, no siempre lo que quiero descubrir pues sino la vida sería demasiado sencilla.


Y, aunque soy joven, sé a ciencia cierta que no lo es. Poco a poco, voy recorriendo el laberinto vital y a pesar de que me encontré con "pseudominotauros" soy consciente de que llegará un momento en el que deberé enfrentarme al gran minotauro, mitad hombre, mitad toro, que intentará devorarme como hizo en la mitología con con cientos de mujeres y hombres en el entramado cretense. Aún no estoy preparada para ello pero llegará el momento en el que, cara a cara, veré al personaje creado por Dédalo.

De momento sigo aquí, pasando rápidamente las hojas de la vida sin jugar las cartas del momento. Una pena, pero cierto. Tengo en mis manos una escalera real de color y no la aprovecho. O tal vez sí... Entre confundida y aturdida no sé que decir, estoy atónita frente a los sinsabores de la vida.

"Nadie muere mientras vive en el recuerdo"


Hoy hubieras cumplido 102 años. No hubieramos tenido suficiente tiempo para poner tantas velas en la tarta. Me hubiera levantado tarde como todo sábado, hubiera ido a tu habitación y te hubiera felicitado. Pero no ha podido ser posible. Hace ya más de un año que no estás, que tu cama está vacía, que tu ropa continúa intacta en el armario, tu rosario en tu cómoda. Todo sigue igual a pesar de no estar. Desde aquí te felicito con tristeza, por no poder volver a repetir aquel cumpleaños magnífico en el que nos juntamos más de 15 personas en casa. Recuerdo aquella gigantesca tarta en la que una joven vestida de negro acaparaba el protagonismo: eras tu. Recuerdo la cara que pusiste cuando la viste, entre nerviosa y feliz dijiste: "Esta era yo cuando era joven" y comenzaste a relatar todas aquellas hazañas que tan bien evocabas muy a pesar de contar más de 100 años. Pero todo eso acabó. Ya no estás. Ahora me siento mal, lloro y en cierto modo me arrepiento de algunas cosas que dije en determinados momentos. Tal vez fue porque las dos teníamos el mismo genio.

Hoy te hubiera regalado un gran ramo de flores, de esos que te gustaban tanto, con claveles, margaritas y gladiolos. Pero guardé el dinero y preferí felicitarte con este atrevimiento epistolar. Aunque solíamos regañar pues la diferencia generacional es manifiesta en el fondo nos teníamos un aprecio indescriptible. Me acuerdo de las noches en las que salía con amigos en las que te quedabas rezando toda la noche para que no me pasara nada, recuerdo las risas que proferíamos juntas, y por supuesto, los llantos que una a la otra nos causábamos. En el fondo me da pena de todo. Me da lástima que te fueras tan solo unos días antes de que cumpliera el sueño de ser periodista taurina, de trabajar con gente extraordinaria y hablar con todos aquellos toreros de los que hablabamos a diario. Habían sido muchas las tardes que me habías contado tardes de toreros de los años 60 como Curro Romero, El Cordobés y tantos otros.

Por su puesto recuerdo aquella mañana del 20 de abril en la que me levanté esperanzada en que tu estado mejoraría muy a pesar de mi pesimismo inherente. Creía en el milagro aunque te había visto postrada en aquella cama peor que nunca. Intentabas emitir palabras ininteligibles que solo yo intentaba traducir a los pies de tu cama. A veces preguntabas por mi hermano, otras veces por el médico. Sabías que el final estaba cerca y por eso no querías que nos separáramos de tu lado. Y no lo hicimos. Rememoro aquella tarde en la que no sin difcicultades me reconociste cuando te pregunté quién era. Tu respuesta fue: "Cristina", esbozaste sino recuerdo mla la última sonrisa cuando te dije: "Sí, soy Cristina la de las manos frías". Por momentos hice reír a mi tía, a mi hermano y aunque de manera tímida a mi madre. La mejoría expiró y tu inexsitencia se hizo más patente que nunca. A las 5 de la mañana ya eras un ser inerte a tenor de tu aspecto y el frío que emanabas. Poco después la casa se llenó de gente, las lágrimas se sucedieron y tu, te fuiste, nos abandonaste. Ahora no hay vuelta atrás y lo único que puedo hacer es decirte felicidades tímidamente.

¿Equivocaciones? NO. Enseñanzas

Me acompañaste durante buena parte de mi viaje. Me identifico contigo. Cuando te escucho me haces recordar. Pero de momento, tengo que seguir evocándote y sobre todo, cantándote. Mientras tanto y afortunadamente: "No sé llorar una vez por cada vez que río".

"Nunca desistas de un sueño. Sólo trata de ver las señales que te lleven a él"

Solo durmió unas seis horas que se vieron interrumpidas por la lluvia que caía sobre la ciudad. Se había acostado pronto pero un pensamiento le turbaba e impedía dormir tranquilo. Aquel día David llegó a casa después de lo habitual. Se había entretenido en la oficina y no tenía previsto salir aquel viernes de principios de octubre. Se fue pronto a la cama pero no consiguió conquistar al sueño hasta bien entrada la madrugada. Aquella chica a la que acababa de conocer le había ensimismado tanto que no era capaz de olvidarse de ella ni por un instante muy a pesar de las altas horas de la madrugada que marcaba el reloj de cuerda que tenía en su pequeña mesilla de noche. Era una joven de lo más normal pero con un atractivo indescriptible. Al menos así me lo contó el propio David. Me dijo que era simpática y que desde los inicios su sonrisa le encandiló. Ella, muy por el contrario, no abandonaba su tesitura algo altiva y chulesca, envuelta por una sonrisa a veces maliciosa que dibujaba cada tres segundos en su rostro. No la conocía apenas pero sabía que si se lo proponía algo podía surgir. Tal vez amor tal vez una aventura fugaz. Era consciente de que el tiempo corría en su contra pues Estela, o al menos así me dijo que se llamaba ella, salía con un chico dese hace algo más de un año. Aún así él no había perdido la esperanza.

Por ella no había podido conciliar el sueño aquella noche. Recordaba las risas que habían proferido juntos y las horas que uno al lado del otro, a pesar de conocerse de tan solo unos días, habían pasado juntos. Me contó que fue ella quien fue a buscarle a su despacho justamente cuando él hablaba por teléfono con Tamara, la novia de un amigo de toda la vida, y que con una sonrisa y un simple: "David, ¿puedes venir un momento que te necesito?" Le encaminó a la entrada del despacho de abogados que compartían desde hace menos de una semana. Él le tenía que poner al día de los casos que en aquellos momentos estaban intentando resolver. Y así lo hicieron. El tiempo transcurría, sus miradas se entrecruzaron y ella, algo mayor que David, controlaba mucho mejor la situación pues los años si algo hacen es curtir y enseñar. Seguramente la mejor paideilla de la vida es el ver transcurrir el tiempo. Ver como se va y no vuelve.

Entre sus sábanas y aferrado a la almohada, según me comentó, quería que el tiempo se parase. No podía soportar que esa misma noche ella estuviera en otros brazos que no fueran los suyos. Fue entonces cuando le dije: "David, creo que te has vuelto a enamorar". Respondió con un "no" tajante pero nada convincente a tenor de la cara de "atolondrado" que presentaba. Esa que se nos pone a todos cuando setimos "algo especial por otra persona". No miró el reloj pero en torno a las 4 de la madrugada volvió a despertarse sobresaltado. Pensaba en ella y ella, seguramente en otro pero no en él. A la mañana siguiente, yo intentaba disuadirle de lo que eran síntomas evidentes de su incipiente enamoramiento pero fue imposible. Él quería luchar por aquella joven de pelo morena, de piel clara y estatura media que le había conquistado simplemente con su sonrisa. A eso de las 8 de la mañana sonó el despertador, hizo la cama y una vez más se vistió a toda prisa para llegar a clase lo antes posible.

"Vida, déjame vivir"

"Porque no hay triunfo sin renuncia, victoria sin sufrimiento, libertad sin sacrificio"
Espectacular ver en directo a esta pareja: ¡Ahí va!

"Me gustarás cuando calles porque estarás como ausente"

Aún no escuché tu voz pero sé que me gustará tu silencio.
No vi tus dientes relucientes pero sé que me encantará tu sonrisa.
No toqué tu pelo pero sé que me enganchará su olor.
No olí tu cuello pero sé que cuando lo haga no me separaré de él.
No te conocí pero cuando lo haga sé que no podré olvidarte.
No sé nada de ti pero sé que aparecerás.

A ti, que estás por llegar te dedico estas palabras parafraseándolas del gran maestro Neruda:
"Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca.
Como todas las cosas están llenas de mi alma emerges de las cosas,
llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma, y te pareces a la palabra melancolía.
Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza: Déjame que me calle con el silencio tuyo.
Déjame que te hable también con tu silencio claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.
Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto"

Pablo Neruda, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, 1924

"Dime de que te ríes y te diré quién eres"


Transcribo de manera literal la definición que la RAE ofrece del término "Payaso":

payaso, sa.
(Del
it. pagliaccio).
1. adj. Dicho de una persona: De poca seriedad, propensa a hacer reír con sus dichos o hechos.
2. adj. C. Rica. Se dice del artista ambulante enmascarado que debuta en las mojigangas.
3. m. y f. Artista de circo que hace de gracioso, con traje, ademanes, dichos y gestos apropiados


Tal vez sea la familia de payasos más afamada la de los "Aragón" al menos en los últimos 20 años. Fofó, Gabi, Miliki, Fofito, Milikito son solo algunos de los nombres que pertenecen a la saga de los payasos más conocidos. Según me cuenta mi padre también los Hermanos Tonetti despuntaron e hicieron reír a aquellos que día a día acudían a los espectaculos que ofrecían en el tradicional Circo Atlas. Sin duda, una mirada al pasado, a esa época en la que acudían a las plazas de los pueblos antes de que debutara el cine y entretenían a niños y mayores pues no había otra actividad lúdico-cultural. Pero de eso hace mucho. Actualmente hay personas que los compara con los feriantes que van, con sus bártulos de feria en feria. Pero a mi parecer tienen pocos puntos de inflexión. Tan solo que van de un lado para otro con sus enseres y caravanas.



En algunas ocasiones hacemos uso del término "payaso" malintencionadamente queriendo "herir" a nuestro interlocutor. Utilizamos la palabra como sinónimo de "tonto", "vano", "insignificante" y a la vista está que lo hacemos sin tener en cuenta su significado natural. Por eso, sigo sosteniendo que, no ofende quien quiere sino quien puede. Quien tiene suficientes argumentos para dejar constancia de que conoce a la persona de la que habla en toda su extensión y por ello, puede juzgarla.

Particularmente me considero, una payasa en toda regla a tenor de la definición dada por la RAE. Cada día soy más consciente de ello. "Usadora" de frases hechas y refranes populares e inventados intento demostrar que la vida no es tan fea como pueda parecernos en ciertos momentos en los que por ningun lado somos capaces de vislumbrar la "luz verde". En cierto modo y cada día se lo comento con mayor ahínco a mi querido Sr. Arrueg: le digo que me considero afortunada por ser capaz de hacer reír a la gente, de evadirlas de la realidad por momentos, de sacarle una sonrisa en los hospitales cuando voy a visitarles... porque como me dijeron en cierta ocasión "es mucho más difícil hacer de llorar que der reír, por eso simplemente tienes que considerarte afortunada"





Evidentemente en la mayor parte de las ocasiones cuando decimos que una persona es un "payas@" no tenemos en cuenta las connotaciones que el término lleva aparejados. En cierta ocasión oí como en un afamado programa del corazón denominaban "circo" al espectáculo "montado" por los artistas invitados que comenzaron a dedicarse un conjunto de palabrejas malsonantes con las que pretenden hacer daño. Y por experiencias personales me doy cuenta cada día con mayor firmeza que, como se suele decir "no ofende quien quiere sino simplemente quien puede". Y por suerte o por desgracia no todo el mundo puede.




No hace mucho tiempo cree un perfil en el que especificaba claramente mi don de "payasa". Y es que lo soy. Lo reconozco y la gente que me conoce sabe de cabo a rabo que abarco el término de "payasa" en toda su magnitud. Solamente me falta el disfraz aunque pienso que en el fondo todos vamos disfrazados de alguna u otra manera. Es mi más sincera opinión.




"La primera obligación de todo ser humano es ser feliz, la segunda: hacer feliz a los demás"




Cantinflas

InVIPtados


Una espiral de lujos nos envolvió en el centro neurálgico de la capital una noche de finales del mes de septiembre. Parecía que aquello prometía y así fue. Acompañada por un compañero fui al concierto de Jarabe de Palo en el Teatro Haagenn Dazs (antiguo Teatro Calderón). No fue un concierto cualquiera. La noche empezó pisando la alfombra roja que daba acceso a la entrada VIP del teatro. Entre cámaras, fotográfos, alboroto y risas entramos al hall en el que nos orientaron y condujeron a la sala VIP donde anduvimos tomando algo hasta que dio comienzo el espactáculo.


Antes de nada, una botella de Mini-Black de Freixenet lucía en nuestra mano, una chapa que nos identificaba en el cuello y una pulserita de las que dan en los hoteles de TI en nuestra muñeca. Así empezó la noche.


Nos echamos unas risas mientras intentambamos sortear a las 250 personas (aunque yo calculo que había menos) que nos acompañaban en la estancia para otear las vistas de Madrid desde la última planta del ya extinto Teatro Calderón. Resultó imposible. Solo había dos balconadas más o menos grandes. Una de ellas, lo recuerdo perfectamente, ocupada por dos jóvenes, que al igual que nosotros parecían ser amigos. Tendrían unos 26 años y charlaban entrecruzando miradas con toda la que se prestaba a ello. Fruto de mi observación llegué a semejante conclusión.


En el otro balcón había una maraña de gente que entre risas y comentarios acaparaban toda la balconada. Entre canapé y canapé el reloj marcó las 21:40 horas y teniendo en cuenta que el concierto tenía que dar comienzo a las 21:30 h. nos llamaron al orden y desalojamos momentáneamente aquella sala de cortinajes negros, alfombras suntuosas y perfumes caros.


Pero, empecemos por el principio...

Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer...


Hoy me vino a la mente un pequeño relato que leí hace unos dos años y que tuve no pocas dificultades para encontrarlo entre la maraña de libros y artículos que plagan mi armario. En él se reflexiona sobre el poder que puede tener la memoria sobre un individuo: en este casos se trata de un tal "Ireneo".... Un tipo ¿interesante?... Y me pregunto ¿para qué recordar tanto si hay cosas que debemos, por nuestro bien, de olvidar...? Reflexionad sobre el tema que no carece de sentido:

"Funes no sólo recordaba cada hoja de cada árbol de cada monte, sino cada una de las veces que la había percibido o imaginado. Resolvió reducir cada una de sus jornadas pretéritas a unos setenta mil recuerdos, que definiría luego por cifras. Lo disuadieron dos consideraciones: la conciencia de que la tarea era interminable, la conciencia de que era inútil. Pensó que en la hora de la muerte no habría acabado aún de clasificar todos los recuerdos de la niñez.Los dos proyectos que he indicado (un vocabulario infinito para la serie natural de los números, un inútil catálogo mental de todas las imágenes del recuerdo) son insensatos, pero revelan cierta balbuciente grandeza. Nos dejan vislumbrar o inferír el vertiginoso mundo de Funes. Éste, no lo olvidemos, era casi incapaz de ideas generales, platónicas.


No sólo le costaba comprender que el símbolo genérico perro abarcara tantos individuos dispares de diversos tamaños y diversa forma; le molestaba que el perro de las tres y catorce (visto de perfil) tuviera el mismo nombre que el perro de las tres y cuarto (visto de frente). Su propia cara en el espejo, sus propias manos, lo sorprendían cada vez. Refiere Swift que el emperador de Lilliput discernía el movimiento del minutero; Funes discernía continuamente los tranquilos avances de la corrupción, de las caries, de la fatiga. Notaba los progresos de la muerte, de la humedad. Era el solitario y lúcido espectador de un mundo multiforme, instantáneo y casi intolerablemente preciso. Babilonia, Londres y Nueva York han abrumado con feroz esplendor la imaginación de los hombres; nadie, en sus torres populosas o en sus avenidas urgentes, ha sentido el calor y la presión de una realidad tan infatigable como la que día y noche convergía sobre el infeliz Ireneo, en su pobre arrabal sudamericano. Le era muy difícil dormir. Dormir es distraerse del mundo; Funes, de espaldas en el catre, en la sombra, se figuraba cada grieta y cada moldura de las casas precisas que lo rodeaban. (Repito que el menos importante de sus recuerdos era más minucioso y más vivo que nuestra percepción de un goce físico o de un tormento físico.) Hacia el Este, en un trecho no amanzanado, había casas nuevas, desconocidas. Funes las imaginaba negras, compactas, hechas de tiniebla homogénea; en esa dirección volvía la cara para dormir. También solía imaginarse en el fondo del río, mecido y anulado por la corriente.Había aprendido sin esfuerzo el inglés, el francés, el portugués, el latín. Sospecho, sin embargo, que no era muy capaz de pensar. Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos. La recelosa claridad de la madrugada entró por el patio de tierra.Entonces vi la cara de la voz que toda la noche había hablado. Ireneo tenía diecinueve años; había nacido en 1868; me pareció monumental como el bronce,más antiguo que Egipto, anterior a las profecías y a las pirámides. Pensé que cada una de mis palabras (que cada uno de mis gestos) perduraría en suimplacable memoria; me entorpeció el temor de multiplicar ademanes inútiles.Ireneo Funes murió en 1889, de una congestión pulmonar."




Ficciones, Jorge Luis Borges, 1944

La edad de la inocencia



Hoy volví a pensar en ti, en el embrujo de tus ojos, en la cara de estupefacción que se me quedó cuando mis ojos te devoraron por primera vez. Ayer también te dediqué más minutos en mi cabeza que a mí misma. Encantada es la palabra que define la situación en la que me encuentro inmersa de manera irrazonable. No tengo en mi mano ningún dato objetivo que indique que puedas estar mínimamente interesado en mí. Además si lo estabas tendrías que haber mostrado interés en mí.Pero... nada de nada. Pero aún así, sigo emperrana en ello.






Ayer me sumergí en el recuerdo de tu mirada que nació en mi mente mientras atravesaba el centro de la capital en el abarratado suburbano. Fue entonces cuando me acordé de esa mirada que entrecruzamos hace ya algún tiempo. No mucho pero tampoco poco. Me envolví en la nube de tus ojos tostados mientras el tiempo no dejaba de contar en el reloj. Acomodada en uno de los asientos del metro me evadi de la realidad y es que, aunque solo sea en el fondo, y formando parte de mi vida tan solo unos minutos me alegras la vida, tanto es así que entre ensoñaciones me pasé de estación. Con cara de atolondrada abandone el asiento que ostentaba y que pronto ocuperon ansiosamente aquellos cuyas preocupaciones se reducen a encontrar un sitio libre en el metropolitano. Me levanté y dejé atrás el vagón.







Mi mente no sabía donde estaba y de repente miré hacia arriba y un letrero rezaba: "Lavapiés". Efectivamente me encontraba en uno de los barrios más castizos de Madrid por el que tan solo una vez anduve. Tal vez fue el destino pero allí fui a parar. Había abusado en exceso de mi imaginación y de mi asiento y terminé allí con cara de tonta. Me daban ganas de reírme de mí misma por cometer semejante despiste pero preferí que los viajeros que merodeaban por el andén no notaran lo que hubiera sido un patente desvario. Y es que así es: me haces desvariar.



Hoy también lo hiciste fue entonces cuando hubiera dado lo poco que tengo en mi haber por volver al pasado, a la infancia. En esta ocasión fueron dos niños, fruto de la felicidad o del alborozo excesivo de dos amantes que se desearon solo por momentos, los que me hicieron que mi memoría recolectase mis tardes de diversión con mi hermano. Se trataba de una niña más o menos rubia de unos 5 años y de un niño que cumpliría los 7. Iban parloteando afablemente cuando entraron al vagón y pronto levantaron el interés de los viajeros.






Ella llevaba un libro titulado "Aprender a escribir", él portaba una enorme cartera con ruedas último modelo en la que Bart Simpson acaparaba todo el protagonismo. Un individuo, que parecía ser su padre, les observaba con asombro desde la cercanía. Reían hasta que pronto llegaron los llantos. La niña echó a llorar porque su hermano la había quitado lo que ella no dudaba en denominar "mi libro". Entre las cabezas de la gente pude vislumbrar que se peleaban por un libro que le pertenecía a ella pero que él tenía en su poder. Esa era su retahíla: deseaba que su hermano le devlviera aquel volumen. Lo deseaba con todas sus ganas. Su pequeña cabeza pensaba que con él sería más feliz. Lloraba y pataleaba y el padre, no mediaba en la situación.





Entre sollozos abandonaron el vagón de tren, con sus voluptuosas y recién estrenadas mochilas escolares que el padre tenía que transportar. Cuando el vagón se sumió de nuevo en el silencio pensé lo preciosa que es esa edad donde las peleas se entablan por libros, por bolígrafos o cuadernos de pintar. Es la edad de la inocencia en la que nuestra máxima preocupación es ver la película de E.T. Daría lo que fuera por volver a gozar de los 8 años aunque egoístamente solo fuera por evadirme de la situación en la que me encuentro y de la que tu ni tan siquiera eres consciente. Apenas me conoces solo compartimos un par de horas y unos días después unas escuetas palabras. Pero aún así tal vez la casualidad o la no casualidad nos haga coincidir. Tú mientras tanto continúa haciendo fotos que yo seguiré entrevistando





De luces y de sombras...


Así es mi vida: de luces y de sombras. Imagino que como la de todo el mundo. De repente se enciende una luz al fondo de la enmarañada noche que te descubre el camino que has de seguir o simplemente te tiende una mano que has de tomar y en la que puedes confiar. De repente, se apaga una vela y nos nubla la visión de tal forma que somos literalmente incapaces de encontrar solución a aquello que nos afecta y preocupa. Todo está en función del día, del momento en el que ocurra, que puede ser, de luces o de sombras.




Generalmente pasamos por lo que se denominan "rachas", unas buenas y otras malas. Obviamente, tiene que haber días en blanco y noches en vela pero no se pueden pasar todos los días la hoja del calendario sin haber hecho nada interesante a lo largo de la jornada. A veces, nos levantamos de buen humor y conforme avanza el día ese ánimo se aumenta al igual que el número de pasos que dejamos conforme caminamos y vamos regalando sonrisas que para eso son gratis. Pero otras veces no es así y amanecemos algo ofuscados y no particularmente con nadie sino que, presos de una sensación rara, pagamos nuestro enfado con el primero que pillamos. Tal vez nuestra madre, tal vez nuestro hermano o incluso puede que sea esa amiga que está siempre a tu lado con la que tanto has reído y llorado. Es entonces cuando te preguntan ¿Qué te pasa? y no sabes articular una respuesta que se ciña a la realidad. "No sé" suele ser la respuesta más socorrida aunque no la más fiel a la verdad. En ocasiones, cuando nos hacen esas preguntas nos pasan tantas cosas por la cabeza que si tuvieramos que nombrar todas y cada una de los aspectos que nos preocupan el reloj de arena se acabaría y aún seguiríamos narrando causas absurdas que nos turban.




Y es que así es, la vida no es un camino de rosas, pero tampoco de espinas. Lo bueno pasa y lo malo también. Las cosas vienen y se van. El tiempo avanza y no vuelve. El día empieza y termina. La risa y el llanto acaban. Las vacacione llegan y se esfuman. La belleza toca su fin en algún momento de la vida. El dinero se acaba. Después de la tempestad llega la calma. Después del grito el silencio. Tras la juventud llega la ancianidad. Tras el esfuerzo la recompensa. Tras las largas horas de estudio, las buenas notas. Tras el calor, el frío. Tras la discusión, la reconciliación. Y es que, en definitiva, la vida está llena de luces y de sombras.

"A veces gris, a veces blanco, todo depende del lugar"

Varios días llevo escuchando en la radio una canción que me turba. Sinceramente...no sé muy bien la razón. Tal vez sea porque me recuerde a algo o a alguien que mi mente no puede olvidar. Mi memoria registra a toda aquella persona con la que comparto más de medio segundo, tiempo necesario para recordar: su nombre, edad, profesión, color y corte de pelo, estatura media, la marca del reloj que lleva, y así sucesivamente hasta intentar averiguar casi de manera mental su número de teléfono. Cosa que ya me gustaría lograr aunque, tampoco sé muy bien para qué porque luego "me corto como la leche cuando hace calor". En resumidas cuentas, sin darme cuenta registro todo lo que pasa a mi alrededor. Algunos me tasan de "curiosa" (cosa que no pongo en duda) pero yo me considero particularmente observadora.


En la facultad conocí a un individuo similar con el que por supuesto, ni quiero, ni me comparo. Su nombre era (y espero que siga siendo) Miguel. Era uno de esas personas que marcarán mi incipiente carrera de periodista. Siempre acudía a clase extremadamente abrigado: con una gabardina gris, una americana azul marino, un jersey debajo de esta y como corolario una camisa que, si la memoria no me falla, parecía ser de tejido afranelado. Con sus gafas posadas a media altura sobre la nariz, las arrugas que evidenciaban el paso del tiempo y una muñequera en la mano derecha, nos daba ejemplares clases de redacción periodística. Poseía el don de la paciencia y evidenciaba una paideia aprendida por el transcurrir de los años y por una laga y provechosa actitud de aprendizaje. Si un rasgo destacaba en él era lo memoriado que era: se aprendía, de todos y cada uno de los alumnos que abarrotaban su clase, su nombre, edad, lugar y fecha de nacimiento, sitio en el que te sentabas en clase, amigos con los que te veía por el pasillo, peinado y sinceramente creo que memorizaba también tu número de teléfono. Esto último son elucubraciones mías pero viendo su prodigiosa capacidad para no olvidar imagino que con solo leer en una ocasión el número pertinente lo flasheaba e introducía en su cabeza para no dejarlo salir hasta que el Alzheimer, o cualquier otra enfermedad que afecte a la memoria, hiciera mella en él.

Me quedo con todo lo que pasa a mi alrededor: gestos, muecas, miradas, palabras, maneras de andar, de reír e incluso de llorar. Posiblemente sea esa cualidad la que me hace recordar a alguien cuando oigo la letra la canción "Tu recuerdo". No sé muy bien a quien. Imagino que a todo el mundo. O tal vez... si que lo sepa pero no quiera recordarlo. Simplemente decir que posiblemente nuestra mirada no se vuelva a cruzar, porque ayer la busqué y no la encontré. La intenté llamar con los ojos y no me contestó.

"Pienso en aquella tarde...: En la que crucé por primera vez mi mirada con la tuya"



"La curiosidad mató al gato". Posiblemente me mate a mi también algún día de estos. Curiosa de por sí, siempre me he sentido atraída por una sección que semanalmente publican en la revista "Aplausos" y en "6toros6". "Confesiones"y "Esto tiene música" es el nombre del peculiar apartado que, cada semana, tiene como protagonista un matador de toros diferente. Esta semana fueron Aparicio y Liria los que respondieron a las preguntas que, con ánimo de conocer de una forma más íntima al personaje, les formuló un periodista en un momento concreto.



Siempre me cuestionaba a mi misma y pensaba ¿y si a mi me hicieran esto que
contestaría?
He aquí las respuestas a mi particular "Esto tiene música":


- No dudaría:
Como dice la canción, "no dudaría en decir la verdad"

- ¿Qué hace una chica como tu en...?: Intentar abrirse camino en
el dificil mundo del periodismo en general y del toro en particular.


- Amante bandido
: De momneto no pero nunca se sabe...

- ¿Y como es él?
: Imaginario.

- A quién le importa:
A mi familia y amigos, todo lo que hago.

- Yo soy aquella: Que habla mucho pero se calla cuando menos debe.

- Maneras de vivir:
Cada día una diferente.

- Quisiera ser:
Simplemente buena periodista (difícil de por sí)

- Cuando nadie me ve:
Lloro. Aunque también cuando me ven.

- Valió la pena: Todavía tengo que descubrir si mis esfuerzos
valdrán de algo algún día. Esperemos que sí.

- Me cuesta tanto olvidarte:
A ti, a ese que ví algún día no muy lejano
y no se me va de la cabeza.

- Es mentira:
Los que argumentan que el mundo del toro es lo peor sin
conocer nada de él.

- Dime que no:
Diría que no a proposiciones deshonestas con el fin de
ascender económica o profesionalmente, a los que piensan que pueden

mangonearte por el hecho de ser mujer en un mundo como el del toro. A eso ´digo
y diré siempre que no.

-Sin ti no soy nada:
Sin mi sonrisa claramente no soy nada.

- En el límite del bien y el mal
: En muchas ocasiones lo rocé, en otras,
los sobrepasé.

- Promesas que no valen nada:
La mayor parte de las que me hacen.


- Besos de Judas:
Alguno que otro me han dado.

- Pienso en aquella tarde...:
En la que crucé por primera vez mi mirada
con la tuya. Y ahora... no tengo nada...

Esperando el "chocolate de la vida"...


"Hasta el rabo todo es toro", ya lo dicen los taurinos, "no echemos al toro demasiado pronto al corral no vaya a alzar el vuelo en el momento menos insospechado". Aunque claramente, algunos se ganan a puslo semejante tributo.


Seguramente en el instante en el que menos esperes algo llegará. El otro día fue el chocolate, pero no el chocolate de la vida que todavía no lo encontré sino ese chocolate humeante, posiblemente de la afamada marca "Dátil" que me sirvieron, tras una larga noche de andanzas por diferentes puntos de la geografía castellano manchega y por algunos de los lugares que limitan con la citada comunidad autónoma, en la chocolatería del pueblo.


Una bonita ceremonia; la de boda, que me recordó a algunas de las que había visto en televisión cuando se casa un torero: Coche de caballos, grupo rociero en la iglesía, pétalos de rosa, lujosos coches a las puertas de la iglesia y, en el cielo, una nube de felicidad que se percibía entre tanto bolso minúsculo y tacón de aguja. Dos novios que se quieren y que se prometieron amor eterno. Mientras tanto, la madrina llorando y como de costumbre, los fotográfos y cámaras instantaneando todo aquello que posteriormente será mercancía de venta. Al fin y al cabo...digan lo que digan, el dinero mueve el mundo.


Tras la ceremonia llegó el "convite", palabra que ha cobrado actualidad por ser pronunciada, con su peculiar timbre de voz por la Duquesa de Alba. Toledo, la ciudad elegida y unas indescriptibles vistas en el horizonte fueron las escogidas por los exultantes novios para el cocktail de bienvenida.

Entre tanto, miradas, deseos, esperanzas que se rompieron, como lo hacen los cristales cuando un niño tira una piedra de manera inocente, sin darse cuenta, pero que aún así siguen ahí... porque ya se sabe...tras el chocolate humeante... posiblemente se encuentre el chocolate de la vida...


"Porque solo cuando no busques, encontrarás"


Llamemósle Celia...

El reloj restaba pocos minutos a las 6 y media de la tarde. Fue entonces cuando Celia se dispuso a coger el metro, como de costumbre, solo que esta vez su punto de origen fue distinto. No tomaba el suburbano donde siempre lo hacía porque surgieron unos imprevistos que le hicieron cambiar de opinión. Un calor abrasante impregnaba la capital, un sol de justicia que solo podía ser sofocado con un buen aire acondicionado. Celia pensó que en el metropolitano se respiraría un ambiente más apetecible. Dobló la esquina, esquivó una serie de andamios, que, como de costumbre, enterpecen el paso a los peatones verano tras verano. Pronto se encontró con una boca de metro, bajó las escaleras y fue entonces cuando se dispuso a sacar un billete. Evitó los sosos taquilleros y se decantó por usar la máquina expendedora. Fue entonces cuando comenzó todo. Un juego de miradas que se entrecruzan, unos labios que se ansían, un rostro atrayente que apareció, como de la nada a su lado.
Sin duda, la alegría del día. Esa pequeña cosa que le hace a uno de manera efímera feliz, le arranca una sonrisa y le hace ver lo bonita que puede ser la vida. Lástima que una chica como ella necesite semejantes situaciones para saber lo agraciada que es.

Pero de repente, la mirada desaparece, unas escaleras mecánicas las separan, las sonrisas se muerden y el momento de felicidad expira. Minutos después y tras perder la mirada en los lugares más recónditos del metro, decidió situarse al final del andén. Y así lo hizo. Miró hacia atrás y volvió a percibir ese rostro que tanto le había llenado. La felicidad volvió a su rostro., pero de nuevo, fenenció como vino. Con aires de tipejo duro y reminiscencias de Dandee aquella peculiar sensación continuó en su interior. Una sensación que perduró hasta que el tiempo, haciendo acto de presencia la turbó. Y en definitiva, quedaron suspendidas en el aire dos miradas que se hablan y muchas palabras por decir.
"Por que el mejor secreto es aquel que nunca se revela"

El principio del comienzo


¿SMS?, traducido al castellano "Sin Miedo a Soñar".

Decidí bautizar así a mi blog porque en determinadas ocasiones habito en el mundo de lo onírico, en el microcosmos del "me gustaría que...", me evado de la realidad a tal escala que mi vecino es la ilusión.

Tal vez también porque mi frase preferida es "con los pies en la tierra y la cabeza en el cielo", en ese cielo que vemos todos pero que cada uno de nosotros interpreta de una manera diferente, en el cielo de las estrellas, el de la lluvia que atiza, el del viento y el de las tempestades. Pero en el cielo también de la calma, de esa calma que hace acto de presencia cuando menos se necesita.

Amante de los sueños, de las ilusiones y ensoñaciones e intentando amueblar a marchas forzadas por los golpes de la vida simplemente digo Sin Miedo a Soñar porque sí porque no hay que tener miedo a nada ni a nadie aunq suene muy tópico.

Con ese alma de periodista que espero cultivar y desarrollar espero que os guste mi pequeño blog en el que contaré todo aquello relevante que ocurra en mi vida o en la de los que me rodean.

Un abrazo y espero vuestra participación.

Pd: este blog ha nacido gracias l gusanillo que me provocó el de mis ex- compañeros de trabajo: Cova, Boix y Javi López con los que el pasado año tanto reí (bueno y con alguna lloré)