Puzzle en construcción...

Segundos que parecieron horas. Por fín pude ver su cara; un rostro limpio, cargado de picardía y mirada de ángel. Hacía tiempo que nos veíamos pero jamás intercambiamos palabra. Jugábamos al "te miro y me miras" de manera automática como si no superáramos la decena de años. No había día que no me viniera a la mente por este o aquel motivo. Ninguno de peso. Simples excusas para armar un puzzle tal vez inconstruíble porque ninguno se atrevía a poner la primera pieza. "Pónla tú" pensaba, ensimismada en mis pensamientos y con una mirada hostil y casi hiriente. "No lo haré", parecía decir él con aquel gesto de niño malo que solo camuflaba cuando esbozaba, tímida pero pícaramente, un simulacro de sonrisa. No sabía nada de su vida pero estaba presente incomprensiblemente en mis pensamientos. Los acaparaba. Los dominaba. Los presidía. Aún recuerdo aquella mañana en la que la tensión se palpó en el ambiente. Con gesto altanero le miré. Con aires orgullosos me contestó. Entramos en una conversación muda en la que las miradas fueron contestadas con miradas. Ahí estamos, cada uno en nuestro universo, unos en el universo del qué pasará y otro, por contra, en el del qué nunca pasará. Los pesimistas no cambian, empeoran. Ahora me toca responder a mí: ¿Pongo la primera pieza? Si sólo hubiera dos piezas tal vez lo haría pero ¿quién me dice que no hay más?... Aún así prefiero creer que se trata de un puzzle en construcción y no inconstruíble...

Feliz Navidad...

...

No tengo palabras para describirte. Por más que las busco no logro dar con las más certeras. Tal vez sea porque creo que no existes, porque te imagino y, como todo lo que imaginamos, no tienes forma, olor ni sonrisa... Te he creado en mi mente y te atribuyo rasgos de este y rasgos de aquel y, realmente no posees ninguno de ellos. La primera vez que te vi, me dejaste absorta en mis inherentes cavilaciones internas. Después te vi de vez en cuando (tal vez todos los días), o mejor dicho, te imaginé pero ahora no tengo capacidad para evocarte, para imagintarte en mi cabeza porque creo que existes. No sé donde estás o quizás sí pero prefiero echar la vista para otro lado. No lo sé, a lo mejor estoy equivocada, confusa y algo cabizbaja. Lo único que sé es que por un tiempo estuviste ahí, me sonreías, te sonreía y sonreíamos juntos. Ahora de eso ya no queda nada. Solamente recuerdos. Recuerdos que no olvido, que evoco a cada momento y que vienen a mi memoria en estos días extraños en los que no logro volver a la realidad porque mi mente está en otro lugar. Tampoco sabría decir muy bien donde aunque la respuesta sería sencilla. Es mejor así. Dejar este discurso suspendido en el aire y que cada uno saque sus propias conclusiones. Eso sí, continuaré imaginándote, oliéndote y riendo contigo. La vida es así, a veces vivimos, enfrascados en el pasado, otras, intentando alcanzar el futuro y otras, simplemente, menospreciando el presente pensando, en un arrebato de optimismo, que siempre será mejor lo que está por venir. Pero, a veces, eso no es cierto. Ahora, que cada uno haga sus cábalas. Yo, sentada en la cama, con la mirada turbia y la cabeza fría pienso tantas cosas que no me da tiempo a procesar nada. Quien sabe. Tal vez sea mejor así.

Dulce venganza

Huele a dulce pero sabe amarga. Así es la venganza. Como un cucurucho de helado donde, lo mejor, está al final. Se urde en un momento de exaltación, desasosiego y desilusión pero se ejecuta en el instante menos esperado, cuando la sorpresa puede alcanzar límites insospechados. Así es ella. Persigue a los que obran mal, sus miradas son cabizbajas y mediocres y a los que escuchan para malversar luego lo que simplemente han oído. Generalmente se suele reprochar la actitud (ruin) de los que la ponen en práctica, de los que la maquinan de manera inteligente, los que hilvanan mil artimañas para que todas ellas sean un falso camino que conduzca al lugar esperado, al de la reflexión, confusión y aturdimiento de aquel que actuó incorrectamente. A veces consiguen su objetivo después de escudriñar posibilidades y evaluar consecuencias y resulta que en el momento soñado, se tragan la amalgama de chocolate amargo, intentan saborearlo con un gesto demasiado falso y cuando lo tragan, recuerdan, más amargamente que de costumbre, aquello con ejecutaron con inquina.

Se llama Soledad

Observaba, en una céntrica calle de las afueras de Madrid, un remanso de sol. Ya ha llegado el verano dijo para sí. Tras esto, agachó la cabeza y dio un sorbo al capuccino que él mismo se había preparadao. Por fin era verano. Este año había hecho acto de presencia con extraño atraso. Las lluvias habían estropeado la esencia de la primavera, las flores medio furibundas daban ahora a conocer esos pétalos que habían guardado durante tanto tiempo y el olor a lilas recién cortadas llegaban hasta aquel ático de Torrelodones. Desde allí, se podía divisar buena parte de la sierra madrileña. Era el lugar elegido para lecturas reposadas y fiestas refinadas en las que los formalismos eran prácticamente mecánicos: el conserje se encargaba de aparcar el coche, en el portal lucían gardenias y orquídeas recién cortadas, el ascensor (aunque antiguo) tenía un toque innovador con su sillón de piel negro, las escaleras de mármol, el felpudo rojo de bienvenida. Todo muy medido, muy planeado, muy coordinado. Nunca faltaba de nada.

Mientras acariciaba delicadamente las pastas de aquel libro gordo y leía las últimas líneas de página de repente su rostro experimentó un profundo cambio. Se volvió pálido, apagado, como si hubiera perdido en un segundo todo aquello que más quería. Se asomó levemente al mirador, oteó el horizonte, vio los matrimonios de nubes blancas con el cielo azul, un par de pájaros que divisaban la ciudad, el incauto humo de la gran urbe se percibía e incluso se podía llegar a oler pero lo que le llamó la atención era el campanario de una iglesia que se veía entre la maraña de antenas parabólicas de los tejados y la marabunta de susurros jamás pronunciados pero sí pensados. Se atusó instintivamente las ralas y rubias melenas que no se había cortado desde que hiciera la comunión. Cosas de mamá-pensó. Nunca me dejaba cortarme el pelo. Me decía que así estaba más guapo. Entonces se preguntó que en el mundo de las apariencias, en el del capitalismo exacerbado, en el que buscamos cualidades innatas en nuestros contrarios, en el mundo de la gente ocupada, del estrés y el "café para dos", en ese mundo, solamente es feliz aquel capaz de asomarse momentáneamente a la ventana, fumar un cigarro o tomar un café reposadamente, divisar el horizonte, olvidarse del teléfono y reflexionar efímeramente sobre el lugar que ocupa en él.

Á bientôt!


La puerta estaba cerrada a golpe de cerrojo, un cerrejo digno del mejor de presidio, de hierro ahora oxidado y que muchas veces había sido objeto de desvarios y enfados que lo hicieron precipitarse a la inutilidad más absoluta. Aún así, la puerta estaba cerrada con uno de aquellos objetos que simbolizan encierros y permiten discusiones acaloradas.

Dentro, sabía perfectamente lo que había: sillas de rejilla herniadas por el paso del tiempo, mesas envilecidas por la oscuridad de aquellos que, muy de vez en cuando, pululaban por allí. Los cuadros, con un reborde de mugre enverdecido, daban un aspecto deplorable a los hieráticos rostros que por momentos prestaron su porte a semejante fin fotográfico. Las paredes eran frías, pintadas a brochazos con un color antes blanco, ahora negriblanco, que evidenciaba que el tiempo también arrebata la juventud a aquello que nos acompaña, a esos objetos a menudo inservibles que plagan cajas viejas que aún así, guardamos con cariño debajo de la cama o en algún otro recoveco de difícil acceso.

En la estancia también había un televisor en blanco y negro. Estaba ahí, subido en una trona de madera de ébano casi imperceptible por la marabunta de polvo que durante años se convirtió en su manto. Bolígrafos sin vida, papeles macilentos y libretas jubiladas eran los pocos enseres ahora inservibles de la estancia. Pasé una vez más junto a ella, recordé las cortinas hastiadas por el humo de aquellos cigarrillos hechos con papel de fumar, la jaula sin pájaro que se trajo de su viaje a Marruecos y sobre todo, la soledad que siempre circundaba por aquel lugar. La puerta era de madera, agrietada y pintada en color marrón. El polvo se agolpaba en cada uno de sus poros y de ella era prácticamente imposible discernir un atisbo de luz blanca, traslúcida, un rayo de vida. Allí todo era oscuridad, obsolescencia y decadencia.

11 de noviembre: S. Martín


Llevaba tiempo sin escribir. Primero porque no tenía tiempo, segundo porque quería hacerlo de tantas cosas que al final no lo hacía de nada y tercero porque sus pensamientos con aires intelectuales solo surgían por la noche, cuando estaba guarecido bajo las sábanas en lo que no eran otra cosa que noches tibias de una incipiente primavera. Cuando se sentaba en su legendario escritorio, heredado de su abuelo, tomaba la pluma, se llevaba recurrentemente la mano izquierda a la montura de sus gafas, unos anteojos de ponderado aumento que le servían de vehículo para sus pausadas lecturas. Después, encendía un cigarro esperando que confluyeran las circunstancias necesarias para que brotara su innata a la par que espontánea imaginación. Una noche osé perturbar su silencio y meditación. Entreabrí la puerta y le vi allí, con el pecho besando la mesa de madera de ébano, las gafas suspendidas prácticamente en el aire y sostenidas sutilmente por uno de sus dedos, dedos con los que escribía novelas de inusitada belleza y sobre todo, de incuantificable imaginación. Aprovechando su breve impás de sueño apagué la lámpara de noche, puse las gafas encima de la mesa, fui a mi cuarto y le cubrí con una mantita de lana pues pese a que estabamos en la época de las flores por las noches el bochorno se hacía traslúcido y no se dejaba ver. Cuando me propuse abandonar la estancia una desazón me cautivó pues sabía que no tendría una oportunidad tan buena como esta para usurpar benévolamente su inspiración escritora. Desde que tengo uso de razón anhelaba estar en aquella estancia, presidida por un ambiente peculiar, sombrío, con olor a incienso y sabor añejo. Pero no sería tarea fácil apartar semejante porte del sustancial papeleo que merodeaba por encima de la mesa. Recapacité rápidamente y fue entonces, cuando me percaté de que en el suelo yacía una hoja garabateada por su inherente pluma negra. Dí solamente tres pasos, me agaché, atusé los ojos y la tomé en mi mano: era una nota de papel en la que simplemente ponía, con trazo irregular: "Ríete de la vida si no quieres que la vida se ría de tí. Ahora, pequeña, tu te estás riendo de mí (leyendo esto, ultrajando mi estancia...) pero recuerda solamente que más sabe el diablo por viejo que por diablo"

Ver para creer

Cuando una mariposa bate sus alas, al otro lado del mundo se produce un terremoto. Cuando un señor con gabán grisáceo, aspecto de intelectualidad y pelo entrecano sale al ruedo aparejado con un paraguas se suspende una corrida de toros contraviniendo la voluntad de los lidiadores. Cuando esto acontece, el presidente es cesado en su cargo. FIN.-
Este es el resumen resumido de una resumida tarde de toros.-

Habitación con vistas al mar


La ventana tenía vistas al mar y si osabas traspasar el quicio acristalado, una masa de aire despejaba tu corazón. Era una oleada de aire fresco en el que la contaminación, por raro que pareciese, no tenía cabida. Se asomó en varias ocasiones, siempre coincidiendo con el atardecer, y mientras su mirada circunspecta inspeccionaba el horizonte, su mente deambulaba de un lado hacia otro intentando encontrar la solución ideal a su problema. Era una persona menuda, algó tímida pero, a menudo, mirada con recelo. Su objetivo inmediato era el de encontrar un trabajo más o menos estable que le permitiera subsistir y abrirse camino entre la marabunta de colegiados recién licenciados.
En una de tantas veces y como consecuencia de su inquietud inherente, ladeó la cabeza y perdió de vista el mar. Miró hacia el ombligo de la puerta que tenía en la urbanización de enfrente donde un luminoso rojo entrecruzaba estrambóticamente cuatro letras, dando vida a partir de las 21:30 a un club de mala muerte en el que el ajetreo, más que patente, contrastaba con la serenidad del mar. Volvió la vista atrás en el tiempo mientras observaba, absorta en sus cavilaciones, como una pareja evidenciaba su amor sin atisbo de vergüenza. Llegó a la conclusión de que su vida, aunque corta, había estado llena de un goteo de insatisfacciones y que, conforme pasaban los años éstas iban acrecentándose. Inició sus estudios con unos 20 años, tras un año sabático en el que se dedicó a flirtear como ella decía "con estos y aquellos", mientras tanto, sus padres le pagaban todos los caprichos que se le antojaban. Pero aún así no era feliz y además, ahora era todo diferente. Se había marchado a un pueblecito sureño en uno de sus viajes que ella misma denominaba "de poca monta" y allí, en poco tiempo encontró un potable puesto de trabajo en un reputado buffete de abogados, tonteaba con un tipo algo "snob" pero con el que hacía buena pareja y había conseguido alquilar un loft en un barrio reputdo. Ahora, con 25 años, estaba prácticamente sola en una ciudad desconocida pero acogedora de la que se había enamorado. Alzó la vista y descubrió que el cielo y el mar conformaban una homogénea masa azulada. Fue entonces cuando intentó discernir donde acababa uno y donde empezaba el otro, y descubrió que la frontera que separaba ambos era la misma que separaba la realidad de la ficción y que tal vez, solo había estado enamorada realmente de ese mar que admiraría de por vida.

Muchacha en la ventana, Salvador Dalí

Reflexiones sobre papel...

Había llegado a la conclusión de que el mundo caminaba solo y de que los planes y programas de los hombres eran tan inútiles como sus sueños. Tres cuartos de lo mismo ocurría en el amor: ni de sus fracasos ni de sus éxitos sentimentales se sentía autor; tampoco achacaba a sus sucesivas parejas la responsabilidad de los unos ni de los otros. Las cosas habían sucedido simplemente de aquel modo, como podían haber sucedido de otro. Entonces, ¿qué?, se preguntaba. Pocos meses antes parcía que su ausencia inexplicable iba a causar la bancarrota de su empresa; ahora, sin embargo, la empresa, por causa de una coyuntura propicia, continuaba funcionando bien que mal, como movida por una inercia contra la cual ni los aciertos ni los errores podían nada. Al final, pensó, la empresa seguirá a flote y yo me habré muerto aquí, en este laberinto, cubierto de polvo, telarañas y vergüenza (...) La oscuridad era absoluta y tan opresiva a sus ojos, que se afanaban en vano en taladrarla, que a veces creía ver ante sí un resplandor vivísimo, como si a pocos pasos de donde él se encontraba en aquel momento se hubiera materializado un ser luminoso, aparecido portentosamente allí no para alumbrar su camino, sino para amedrentarlo o para hacerle partícipe de una gran revelación.
Eduardo Mendoza, La isla inaudita, edición 2008

"Parroquianos del tiempo"

No más toreo de salón. No más besos sin sentimientos. No más miradas sin perspicacia. No más discusiones sustentadas en argumentos tan fatuos como apresurados. Estamos en el siglo XXI, época de las apariencias, de los viajes a países estrambóticos y de las bodas en la Riviera Maya a orillas del mar con grandes banquetes. Atrás quedaron el Siglo de las Luces, el siglo de la Guerra de la Independencia y el siglo de Hiroshima y Nagasaki, bueno los siglos de esas y muchas más cosas que todos sabemos. Vivimos en la era de Internet, en la de los periódicos gratuitos y en la de la publicidad subliminal. En definitiva, en la sociedad de la información. Ni los más mínimos atisbos quedan de la "romanticona" carta escrita por el amante a la amada en la que le declaraba su amor y que era esperada con ansias de recibo por parte de unos y con anhelo de respuesta por parte de los otros. Ni de los largos viajes emprendidos por los maletillas de pueblo en pueblo con su firme intención de torear.



De eso ya no queda nada o prácticamente nada. Estamos en la era de internet en la que las noticias se comunican a base de "clicks" y golpe de ratón, las relaciones se originan de la manera más apersonal posible y los divorcios se resulven frugalmente en el lapso de un mes y a partir de entonces, aquellos se juraron amor eterno y fidelidad absoluta, se van cada uno por su lado, escopetados, como si no se conociesen de nada alegando "incompatibilidad de caracteres", bueno el siglo de eso y muchas más cosas. El tiempo pasa, las cosas (término de lo más abstracto) cambian: cambia el tiempo, cambia la percepción de la propia vida, cambia el toreo, cambia la sonrisa de uno y, en definitiva, cambia tu vida.

No más toreo de salón. No más besos sin sentimientos. No más miradas sin perspicacia. No más discusiones sustentadas en argumentos tan fatuos como apresurados.

"Semejanzas diferentes"


Pensó que era demasiado soñador y que soñaba más despierto que dormido pero volvió a pensar y llegó a la conclusión de que tal vez fuera mejor así. Era feliz pero de una manera extraña. No era feliz porque gozaba de una buena posición social y vivía en uno de los barrios más "chic" de Madrid. Era feliz porque era capaz de soñar todo aquello que imaginaba porque su don de gentes era exagerado y porque era capaz de vaticinar sin margen de error lo que ocurriría en su vida de aquí a 1 años. En definitiva gozaba de una felicidad muy diferente a aquella que sentía cuando una joven atractiva le decía que aceptaba salir con él. Era algo diferente, más intenso. Su pequeña estatura no podía ser comparada con su prominente inteligencia que desprendía a raudales allá por donde fuera. Solo con una frase era capaz de dejar envuelto en una sensación de anonadamiento incuantificable al más sagaz y avispado de los mortales. Era inteligente pero también listo. Inteligente porque su mente no paraba de escudriñar todo lo que ocurría a su alrededor. Listo porque sabía dónde estar, cuándo estar y porqué estar.

Su mente no "cerraba por vacaciones" hasta tal punto se le podía llamar a las tres de la mañana que él, enfrascado en su pijama de rayas, perfectamente te contestaba sin nigún tipo de sobresalto ni desgrado y decirte que estaba reflexionando sobre una obra concreta de Leon Tolstoi o Fiodor Dovstoievski. Era una persona hiperactiva por naturaleza, a la vez que tranquila y pausada, sabía estar y generalmente sabía dejar estar.

A veces me parecía demasiado prudente pero en otras ocasiones, excesivamente malévolo. Su sentido del humor brillaba por su sátira y aunque estaba ennoviado con una espectacular dominicana confesaba sin tapujos que llevaba una relación abierta en la que los celos brillaban por su ausencia. Su lema era "Ama y haz lo que quieras" y, efectivamente así lo hacía. Era el tipo aparententemente perfecto, comprensivo, extrovertido, locuaz y, por supuesto, dispuesto por hacer cualquier cosa por un buen amigo. Cuando su novia viajaba a tierras dominicanas él se quedaba placenteramente en casa estudiando el guión de las películas de nueva hornada que acababan de salir al mercado porque sobra decir que era un cinéfilo empedernido. Era entonces cuando descolgaba el teléfono, se tumbaba en su sofá en "ele" que presidía el salón de su casa, ponía música clásica y entre diálogo y diálogo del film que analizaba, se inventaba historias en las que él fuera el protagonista. Soñaba con ser diferente al resto de la gente y según me contaron lo fue.

¡Quiero estar en esa casa!


FOX recrea en Madrid los decorados de sus series más populares
Martes, 29 de Enero de 2008
FórmulaTV.com


En la 'Casa Fox', un espacio único, en el centro de Madrid, donde todos los visitantes podrán meterse en el decorado de su serie favorita.

En "La Rosa Púrpura de El Cairo" un personaje abandonaba la pantalla para conocer cómo era el mundo real. FOX propone justo lo contrario: invitar al público a meterse literalmente dentro de la atmósfera de sus series favoritas.

El próximo 13 de febrero el canal de televisión, inaugurará una experiencia única, la "Casa FOX", un espacio situado en el centro de Madrid (C/ Hortaleza, 87), que permitirá a los visitantes recorrer los escenarios en los que transcurren los argumentos de sus series preferidas.

La "Casa FOX" albergará dos plantas totalmente tematizadas con los diferentes escenarios de las producciones estrella del canal, recreados por la experta mano de Bárbara Pérez Solero, directora artística y diseñadora de producción habitual del cine español e internacional, responsable, entre otros, de los escenarios de películas como "Los Borgia", "Miguel y William", "Reinas", "Reflejos" y las producciones norteamericanas "El reino de los cielos" y "Un buen año", dirigidas por Ridley Scott.

Gracias a FOX, todos los amantes de las series podrán pasearse por la cárcel de 'Prison Break', detenerse en la cocina de 'Mujeres desesperadas', subir por la escalera de 'Cinco hermanos', sentarse en el sillón de David Duchovny en 'Californication', practicar las técnicas forenses de 'Dexter', emular a 'Shark' en el estrado, perderse en la selva de 'Perdidos', o disfrutar de una habitación-hospital llena de referencias a 'House', 'Anatomía de Grey' y 'Sin cita previa'.

Otros personajes de la antena de FOX como los forenses de 'Bones', la médium de 'Entre fantasmas' o la familia Simpson estarán también presentes en este espacio, concebido como una verdadera "Casa Décor de las series de FOX".

La "Casa FOX" consolida este hecho a través de un evento en el que, además de poder contemplar los escenarios donde transcurren las series, también se podrá participar en todo tipo de actividades.

En cada una de las habitaciones habrá distintas alternativas de ocio, como juegos de interactivos relacionados con algunas series, o servicios tan peculiares como los de un tatuador de tinta, que estará dispuesto a que algunos visitantes emulen los tatuajes de los hermanos Scoffield "Prison Break".

Además, la "Casa FOX" cuenta con un salón de actos de más de 80 metros cuadrados, que acogerá eventos diarios como proyecciones de maratones de todas las series, coloquios, mesas redondas, presentaciones y visitas de algunos de los actores protagonistas de las mismas.

La casa permanecerá abierta hasta el 27 de febrero y el público podrá tener acceso libre la mayor parte de las tardes, en horario de 17.00 a las 22.00 horas, y todos los fines de semana de 12.00 a 14.30, y de 17.00 a 23.00 horas.

"El mundo al revés"


Esta podría ser la historia de una vaca que embiste a una gallina pero es la historia de una gallina que embiste a una vaca. Podría ser la historia de una vaca que tiene un choto pero es la historia de una vaca que pone un huevo.

Estaba la gallina plácidamente en un receso alimenticio cuando decidió "atusarse" un poco su colorido pelaje provocando que su bello plumaje quedara con una permanente inconcebible, cruzó la puerta de madera desvencijada del corral en el que vivía junto a otras de su especie para iniciar su aventura vespertina. Su dueña estaba contenta con ella porque ponía más huevos que ninguna pero aún así se mostraba insatisfecha con la producción de la especie avícola, motivo por el cual se había planteado mandarla al matadero junto a los pollos de la granja. Salió con aires nostálgicos de aquel lugar que había ocupado durante más de tres años y al que, ante el percal existente, no volvería.

Cogió un sendero tan largo como ancho no sin sortear en un par de ocasiones a los mastines que en la finca había para evitar, precisamente eso, una fuga repentina. Atravesó el arroyuelo que separaba la hacienda de la dehesa y una vez allí observó el panorama circundante no sin antes "acicalar" su prominente "papada": vio un avión que apresurado planeaba por las alturas, una bandada de pájaros que no acertó a identificar... pero la sorpresa mayor se la llevó cuando bajó la vista y atisbó la gran dehesa que tenía justamente enfrente. Se intentó rasgar los ojos con sus patuelas callosas pero no pudo porque justamente detrás escuchó un sonido que antes había escuchado en la distancia: un mugido. Adecentó con un aspaviento su precioso plumaje que se erizó al percatarse que tenía tras de sí una vaca que la miraba deseosa. Estaba junto a las vacas bravas pero de aquello tenía poco. Su aspecto era angelical y fue la gallina la que la picó incesantemente sin que nadie fuera en su auxilio.


Esta es simplemente la historia de una vaca embestida por una gallina pero perfectamente podría haber sido la historia de un sabio ridiculizado y superado por un bobo.

"El paraíso de los sueños"


El ambiente húmedo y caluroso de tierras americanas contrastaba con el gélido frío que se palpaba en territorio europeo. Casi sin darse cuenta, Elsa de los Ríos, mujer joven a la par que intelgente, dotes que demostró cuando fue capaz, en menos de una hora, de hacer la maleta con todo lo necesario para pasar fuera una temporada, buscar el pasaporte que había perdido de vista desde que estuvo allá por el D.F en mayo de 2003 cuando tuvo necesidad de viajar por obligación que no por placer para resolver un asunto profesional que tenía pendiente con una publicación de renombre en México y, recoger un poco la casa en la que reinaba el desorden debido a su ajetreada existencia. Cogió su bolso de piel marrón y salió como alma que lleva el diablo dejando atrás su pequeño apartamento, ese que gracias a horas de trabajo había conseguido comprar en una lujosa urbanización de las afueras de Madrid. Se presentó en el aeropuero de Barajas, fue al mostrador que indicaban sus billetes y allí, justamente cuando su equipaje rodaba por la cinta transportadora una voz le llamó la atención.


Era un joven, algo mayor que ella, de tez morena y con el que, hace algunos años había tenido algo más que unas palabras. Todo se quedó ahí, cada uno se fue por su lado y todos tan contentos. Ahora, se reencontraban en un mostrador, atravesaban juntos la aduana y compartían sala de embarque durante algo más de una hora.


Hablaron de esto y de aquello, sonrieron y recordaron viejos tiempos. Él, tan "golferas" como de costumbre, no se había casado pero sí tenía dificultades para quedar con todas aquellas que se lo proponían. Ella, seguía siendo también una típica femme fatale: alta, garbosa aunque no excesivamente despampanante pero sí agraciada. Compartieron asientos en Primera Clase y el viaje, interesante a la par que interminable, transcurrió entre risas y pitillos apagados que aún así, mitigaban las ansias de fumarse un cigarro de una sola calada. Parecían dos treinteañeros que rememoraban, gracias a la casualidad, sus amores de quinceañeros. Algo raro pero cierto. Parecía como si el tiempo no hubiera pasado por ellos. Ella, acomodada al lado de la ventana tuvo necesidad de ir al lavabo en un par de ocasiones y de dar paseos por los pasillos de primera pero, sin embargo él, se limitó a mirar a aquella joven gracil a la que dejó marchar gracias a sus "affaires" con unas y con otras.


Al llegar a la ciudad de destino y pisar el aeropuerto, un fuerte olor a café les hizo tomar consciencia de que habían llegado a su destino que no era otro que Cartagena de Indias (Colombia). Tomaron juntos el taxi que primero llevó a Elsa a uno de los hoteles más lujosos de la ciudad del ballenato y luego a él, hospedado en uno más modesto pero no exento de piscina, jacuzzi, sauna, paddel y campo de tenis y golf. Permanecieron, como por arte de magia, exactamente el mismo tiempo, 33 días y volvieron juntos a Madrid. Elsa, como de costumbre, volvió a su acogedora casa, corrió las cortinas para que entrara la luz y al hacerlo, se dio cuenta de que un olor a café de Colombia impregnaba la estancia, fragancia que le recordó aquellos paseos por parajes paradisiacos. Movió el sofá y lo situó en la terraza y desde allí creyó divisar de nuevo aquellas playas de aguas claras y banderas de tres franjas: Amarilla, Azul y Roja. Evocó a Marcos, aquel joven al que volvió a ver tras años sin contacto. Fue entonces cuando se percató de que, a veces, solo a veces, los sueños juegan "malas" pasadas.

"Poesía... eres tú"


Tiene el amor señales que persigue el hombre avisado y que puede llegar a descubrir un observador inteligente. Es la primera de todas la insistencia de la mirada, porque es el ojo puerta abierta del alma, que deja ver sus interioridades, revela su intimidad y delata sus secretos. Así, verás que cuando mira el amante, no pestañea y que muda su mirada adonde el amado se muda, se retira adonde él se retira, y se inclina adonde él se inclina, como hace el camaleón con el sol.


Mis ojos no se paran sino donde estás tú. Debes tener las propiedades que dicen del imán. Los llevo adonde tú vas y conforme te mueves,como en gramática el atributo sigue al nombre.


Otras señales son: que no pueda el amante dirigir la palabra a otra persona que no sea su amado, aunque se lo proponga, pues entonces la violencia quedará patente para quien lo observe; que calle embebecido, cuando hable el amado; que encuentre bien cuanto diga, aunque sea un puro absurdo y una cosa insólita; que le dé la razón, aún cuando mienta; que se muestre siempre de acuerdo con él, aun cuando yerre; que atestigüe en su favor, aun cuando obre con injusticia, y que le siga en la plática por dondequiera que la lleve y sea cualquiera el giro que le dé.


Otras señales del amor son: que el amante vuele presuroso hacia el sitio en que está el amado; que busque pretextos para sentarse a su lado y acercarse a él; y que abandone los trabajos que le obligarían a estar lejos de él, dé al traste con los asuntos graves que le forzarían a separase de él, y se haga el remolón en partir de su lado.


Cuando me voy de tu lado, mis pasos son como los del prisionero a quien llevan al suplicio. Al ir a ti, corro como la luna llena cuando atraviesa los confines del cielo. Pero al partir de ti, lo hago con la morosidad con que se mueven las altas estrellas fijas.


Otra señal es la sorpresa y ansiedad que se pintan en el rostro del amante cuando impensadamente ve a quien ama o éste aparece de súbito, así como el azoramiento que se apodera de él cuando ve a alguien que se parece a su amado, o cuando oye nombrar a éste de repente.


Cuando mis ojos ven a alguien vestido de rojo, mi corazón se rompe y desgarra de pena. ¡Es que ella con su mirada hiere y desangra a los hombresy pienso que el vestido está empapado y empurpurado con esa sangre!


El collar de la paloma, 1998

"Secretos existenciales"

La oyó pronunciar por primera vez hace un tiempo, ni mucho ni poco: el imprescindible, y, desde entonces, la hizo suya a pesar de que no la pronunció en ninguna ocasión. La guarda con cariño, aunque que no fue su ideadora intelectual, como todas aquellas frases que, oye a lo largo de la vida y no le dejan indiferente. Hoy decidió parafrasear al mismísimo Fiodor Dovstoievsky y articularla: "El secreto de la existencia no consiste en vivir sino en saber para qué se vive".


Sería complicado dedicir si dice hola o adiós. Si viene o si va. Si habla o calla. Si ríe o se mantiene indiferente. El día amanece con un sol que se evapora hasta llegar a la sala de estudio que ocupa. Alma perdida, corazón caliente y manos frías. Sonrisas derramadas y lágrimas sentidas con avaricia. Espejos rotos, reflejos y apariencias falsas, pasos descalza y ropajes grises. Mente hábil, corazón volátil, rostro serio y una profunda sensación de desilusión. Pronuncia la afamada expresión: ¡Qué vida esta! tal vez sin razón, tal vez con demasiada conciencia. Solamente el tiempo decidirá qué camino tomará. Si el bueno o el malo, si el triste o el feliz, si el de las luces o el de las penumbras. Se sitúa frente al espejo y observa su mirada perdida, extravíada en un vacío existencial que, probablemente deje de tener importancia con el paso del tiempo.


De este breve texto no os quedéis con los comentarios de una persona que, para no mojarse con el agua de la lluvia prefirió meterse en el mar sino solamente con el hecho de que: "El secreto de la existencia no consiste en vivir sino en saber para qué se vive". Aquellos que no lo hayan encontrado que lo busquen sin receso posible y si alguno piensa en decir adiós que se arme de valor y decida continuar diciendo hola.

"Gracias"


Esta noche me percaté de un hallazgo descomunal. Me di cuenta de que reí soñando. Dormí profundamente y fui consciente de la sonrisa que mis labios profirieron en varios instantes a lo largo de la noche. Algo raro, pero cierto. Tal vez fue porque soñé con las más inverosímiles de las situaciones posibles. Sueño, viniste en el momento adecuado pues, por momentos, me hiciste olvidar aquello que me apesadumbra y anula en los últimos días. Mi sonrisa fue constante, quizás para contrarrestrar la deuda de carcajadas de lo que va de año y restar importancia a las lágrimas que derramé no sin sentido.


Sueño, gracias por estar ahí y por hacerme reír. Sigue ahí, apoyándome a través de ensoñaciones porque no quiero enamorarme de nadie que no seas tú que, a veces me haces reír y otras, como si fueses mi novio, me haces reflexionar, pensar, analizar e interpretar la realidad que me rodea.


Elegiste el sueño perfecto para el momento idóneo. No dudo de tu justicia a la hora de repartirlos y, por ello, solo pido que me mandes las ensoñaciones que merezco.



"Tango para engañar a la tristeza"



A la ausencia, al olvido, a la nostalgia,

mi corazón les pone letra y música

de tango algunas noches, tú lo sabes:

veinte años no es nada. Aunque, a las claras,

bien sabe a quién engaña pretendiendo

engañar, como a un necio, a la tristeza.



Víctor Jiménez

"La mirada del Ángel Gris"




"Hay miradas que sin dudas, dicen más que mil palabras y que al verlas todas juntas, son como espejos del alma. Hay miradas que cuando miran, son hirientes y lastiman, en cambio hay otras tan serenas, que consuelan y acarician.Hay miradas insistentes, misteriosas, recurrentes y las hay indiferentes, como las de tanta gente. Hay miradas que ocultan verdades que mucho dañan y las hay que en la diaria lucha, fortalecen y acompañan. Hay miradas que perdidas entre miles de miradas andan solas por la vida en busca de otras miradas, hay miradas que cautivan por lo bellas y profundas, como tu mirada azul que me atrapa día a día. Hay miradas que por tristes enlutan a quien las viste y hay esas miradas dulces que ennoblecen a quien las luce. Hay miradas que derriten hasta el corazón más duro, e iluminan suavemente el pensamiento más oscuro.Hay miradas que perdidas entre miles de miradas andan solas por la vida en busca de otras miradas y hay miradas que cautivan por lo bellas y profundas como tu mirada azul que me atrapa día a día."




Entonces me dí cuenta de que tu mirada puede que sea la del Ángel Gris, repartidor de sueños en la ciudad de Flores y caracterizado por su inteligencia a la hora de administar ensoñaciones o tal vez la de alguien real e inteligente. Solo sé que tienes alas y que puedes hacer "volar" a la gente con la que te cruzas.